El nacimiento de ¿Google Music?

Google comenzó como una compañía de servicios, primero el buscador, y luego los servicios que crecieron alrededor (p.ej. GMail) o fueron comprados e integrados con el mismo (p.ej. Youtube). En el año 2008 aparece Android, sistema operativo basado en Linux para móviles, smartphones y dispositivos afines, que junto con el navegador Google Chrome supone la primera incursión importante de Google en el desarrollo de software para el gran público. A finales del año pasado, y con la ayuda de HTC, anunció el primer dispositivo hardware, el Nexus One, según la propia Google “lo que un terminal con Android debe ser”. En el último Google I/O nos han presentado Google TV, pero parece ser que Google no quiere dejar de meter la zarpa en cualquier cosa que pueda dar dinero y así los rumores apuntan a que Google podría lanzar su propia tienda de música a lo largo de este año, entrando en competencia directa con iTunes.

Un paso más hacia la dominación mundial por parte de Google y Hacendado.

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La lista de los 10 álbumes de la década

Explorando la red encontré la lista de los 100 álbumes de la década según la revista NME. Aunque con una exagerada desviación hacia la escena indie y rock anglosajona, dicha lista nos puede permitir descubrir algunas perlas poco conocidas por esta parte de Europa.

Así que, para facilitar la tarea a posibles oyentes, aquí está con todos ustedes el Top 10 de la lista listo para consumir.

  1. Radiohead – In Rainbows (2007)
  2. The Streets – Original Pirate Material (2002)
  3. Interpol – Turn On The Bright Lights (2002)
  4. Arcade Fire – Funeral (2004)
  5. PJ Harvey – Stories From The City, Stories From The Sea (2000)
  6. Yeah Yeah Yeahs – Fever to Tell (2003)
  7. Artic Monkeys – Whatever People Say I Am, That’s What I’m Not (2006)
  8. Primal Scream – XTRMNTR (2000)
  9. The Libertines – Up the Bracket (2002)
  10. The Strokes – Is This It (2001)
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Nueva Tarifa Simple de contrato Vodafone

De entre todas las tarifas nuevas que Vodafone lanzó ayer 7 de junio destaca la Tarifa Simple. La Tarifa Simple se caracteriza por no tener ningún beneficio asociado, es decir, no dispone del clásico 90×1 por ejemplo. Por contra, el precio al minuto es de sólo 11,9 céntimos, lo que mejora significativamente el precio de la anterior tarifa con tarificación por segundos, el Contrato Clásico, cuyo precio al minuto es de 18 cts. La Tarifa Simple mantiene el establecimiento tradicional de 15 céntimos frente a los 12 del Contrato Clásico, pero al ser el precio al minuto significativamente más bajo, la llamada nos va a salir más económica con esta tarifa a partir de unos 50 segundos de duración.

Con esta tarifa Vodafone se posiciona de forma interesante para los clientes que mayoritariamente hacen llamadas cortas sin importar horarios y destinos pero que, por algún motivo (servicio, terminales, etc.), no están dispuestos a utilizar los servicios de los OMV, que habitualmente tienen precios al minuto más competitivos.

La contratación de estas tarifas está disponible en principio hasta el 30 de septiembre de 2010.

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3 formas de encontrar aplicaciones para Android

A continuación os presento una lista de tres paginas web en las que encontrar aplicaciones interesantes para terminales Android.

  1. Android Market. Es ni más ni menos que la versión web de la aplicación de Market para terminales Android. A pesar de que la navegación no es muy buena y la forma de calificar aplicaciones es lamentable la destaco porque, a medida que más dispositivos no móviles con Android vayan apareciendo (TV, tablets, etc.), más importante se volverá.
  2. Androlib.com. La página no oficial más popular. Presenta noticias, aplicaciones con comentarios de usuarios y puntuaciones, enlaces y QR para descarga. La página es un poco recargada y la navegación se hace un poco lenta.
  3. AndroidZoom. Una página limpia, aplicaciones con precio y puntuación, fácil navegación por categorías. Separa además los ringtones y wallpapers que polucionan el Market en categorías aparte.

Con la aparición de más dispositivos con el sistema operativo de Google esperemos que el Market mejores sus capacidades de búsqueda y filtrado de información, porque ahora mismo se hace muy dificil encontrar aplicaciones si no sabes lo que buscas de antemano, y a veces, ni aún así.

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Carta a una periodista en paro

Joven, preparada, y en paro. Radiografía de la juventud española.

La verdad es que es bastante complicado lo que comentas. Algo parecido a lo que vives tú lo he vivido yo en “lo mio”, la informática. Uno entra en la universidad pensando que con un poco de suerte y esfuerzo, podrá encontrar un buen trabajo de lo que ha estudiado. Pasan los años y te vas dando cuenta de que quizás no es tan fácil como te lo pintaban.

Para la mayoría de la gente, un periodista es alguien capaz de escribir. Eso cualifica a mucha gente como posible periodista. Para la mayoría de la gente, un informático es alguien capaz de hacer cosas con un ordenador. Eso cualifica a mucha gente como informáticos. Tú y yo sabemos que ser periodista o informático es algo más que eso, pero para la mayoría de la gente, incluidos muchos de los que contratan, no lo es.

Mucha gente con otras formaciones (humanidades, sociología, matemáticos, telecos) son capaces de hacer buena parte de nuestro trabajo con un poco de preparación adicional. Eso nos deja en desventaja frente a ellos, puesto que la inversa no siempre es cierta.

Pero no quiero que pienses que este es un mensaje derrotista, al contrario. La ventaja con la que jugamos es que tenemos muy claras nuestras posibilidades. Sólo podemos hacer una de estas tres cosas:

  1. Desarrollo personal. Tú, por ejemplo, has tenido la suerte de poder estudiar idiomas en el extranjero, cosa que yo no he podido hacer. Eso es un punto a favor. Pero se puede seguir por ese camino. No sólo en el aspecto de la formación, de asistir a cursos, conferencias y cualquier cosa que en general pueda “hacer curriculum”, sino también en el aspecto de estimular la creación de contactos y relaciones con otras personas y entidades que, en un futuro, puedan servirte de algo. Quizá resulte que “alguien” busque a “alguien” que sea capaz de hacer determinada cosa, y tu respondes a ese perfil. No todas las oportunidades de trabajo están en Infojobs, o en el INEM, o en los anuncios por palabras del Levante. O quizá algún día, cuando estés ya trabajando, te resulte util poder pedir consejo, ayuda o información a alguno de esos contactos. Ya sabes lo que dicen “Lo importante no es saber sino tener el teléfono de quien sabe” y, en determinadas ocasiones, las habilidades sociales para crear y mantener contactos son más importantes que las habilidades no sociales.
  2. Autoempleo. No, no estoy insinuando que fundes tu propio diario. Pero hay formas de, a la vez que practicas, entrenar y desarrollar tus habilidades, crear un portfolio de cosas que poder mostrarle a un posible empleador. Si te gusta escribir, puedes intentarlo con relatos, o novelas enteras si tienes valor. Elige una temática y adelante. ¿Que tal una novela histórica o de intriga ambientada en la Valencia del Renacimiento? ¿O una guía de los misteriosos e interesantes rincones de Ruzafa que la mayoría de la gente desconoce? Hoy en día existen multitud de editoriales on-line que te permiten crear tus propias publicaciones con un coste nulo. E imagínate que gustazo echarle en la cara de un posible contratante tu libro. Qué cojones, ¿no escribe Juan José Millás en El País, y ni tan siquiera terminó filosofía y letras? ¿Qué ha hecho este hombre para merecerlo? Bueno, escribe como dios y ha ganado un Nadal, un Planeta y el Premio Nacional de Narrativa, pero eso es lo de menos. Quédate con el concepto. También puedes crear un blog, que no es más que la versión on-line de lo que te he comentado antes. Una serie de relatos, un libro por capítulos, un diario donde eres la única protagonista y muestras tu opinión acerca de lo que pasa a tu alrededor. Una forma de darte a conocer, de (enlazando con el punto uno) establecer contactos, de subir tu caché. Porque no sólo se trata de encontrar trabajo, amija, sino de encontrar uno que valga la pena. Para hacer un trabajo de chinos por 620 euros al mes, casi que me quedo en casa.
  3. No hacer nada. Que es la opción fácil, seguir como hasta ahora y dios proveerá. Pero nosotros somos mejores y no vamos a conformarnos con eso, ¿verdad? ;)

Un abrazo y mucha suerte con todo lo que hagas.

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Ni un adios, ni un hasta luego

Bah.

No puedo más. No me quedan más fuerzas para seguir. ¿Cuantas veces he dicho eso y ha sido mentira? Bueno, da igual…

No puedo seguir haciendo como si no pasara nada. ¿Es que no puedo hacerme a la idea de que se ha acabado? No, no es eso. Podría hacerme a la idea de una ruptura. Pero esto no es una ruptura. Es un abandono. Como aquel que baja a comprar tabaco y no vuelve nunca. Una huida, una escapada, una salida por patas, sin un triste adiós o un hasta luego. Sin motivos. Sin justificaciones. Sin explicaciones. Sin excusas.

Se me hace imposible estar ahí, viéndote la cara de “felicidad” (permítame las comillas, señorita), de una felicidad que no es la mía, habida cuanta de las veces que me has demostrado que aparentabas ser feliz cuando no lo eras. Sin un perdón. Sin una disculpa. Sin un sólo comentario. Solamente una estricta voluntad de hacer ver que “aquí no ha pasado nada”. Pues lamento informarle de que sí ha pasado. Y sabe usted perfectamente que soy casi siempre partidario de hablar las cosas y no de esconder la cabeza bajo tierra como una avestruz. Hacer como si nada no es solución.

Duele. Duelen tantas cosas… Duele estar sólo, pero la soledad es algo que se aprende a llevar. En ocasiones te agobia, otras veces la echas de menos. Pero tienes que aprender a vivir con ella. Duele ser incomprendido, pero es algo que los raros también aprendemos a llevar. Pero pasar del cariño al odio, pasando por la más absoluta indiferencia, y abonando el jardín de amigos y conocidos con historias rockambolescas de odio y de desprecio, de violencia y de agresión, de llanto, de tragedia, de pasión rota por un ser vil y mezquino, eso duele de una forma que no podía ni imaginar.

Y resulta que para esa gente el ser ruin y mezquino, o peor aun, enfermo, soy yo. Y juegas con la ventaja a sabiendas de que llevo tanto tiempo peleando y me quedan tan pocas fuerzas que no voy a salir a defenderme, porque la defensa es futil ante aquel que envenena las aguas de la razón. Sólo el tiempo las purifica, y a veces ni siquiera eso es suficiente. Así que puedes dar la batalla por ganada. Al final, queda un alma un poco más rota de lo que ya estaba, una dignidad un poco más humillada de lo que ya estaba, y una imagen pública un poco más sucia de lo que ya estaba.

Intentaría seguir luchando por mantener la cordura y la esperanza, pero este juego me harta y me agota. Así que soportaré la carga mientras me sea posible, apartándola poco a poco al fondo del baúl, avanzando a empujones, a trompicones, sin echar la vista atrás, hasta que todo aquello que viví se convierta en una ensoñación, en una fantasía que recordaré, como las anteriores, en los momentos en que necesite sentirme bien. Y cuando así sea pensaré en aquel viaje en autobús, en aquella merienda, en aquella cena con manitas por debajo de la mesa, y lo recordaré como si de una película se tratara, como si nunca me hubiera pasado y solamente hubiera sido un mero espectador. Y volveré a huir, y volveré a dejarlo todo y a todos atrás, porque no sé pelear contra fantasmas, porque estoy harto de perdonar y que no me perdonen, porque es la única forma en que sé continuar adelante. Y maldeciré al dios en el que no creo por no cruzar en mi camino a una mujer que sea capaz de hablar abiertamente y decir con palabras lo que quiere y lo que no, en lugar de inventar un macabro juego de desconocidas reglas en el que la banca siempre gana y el único jugador siempre pierde.

Sigo pensando que cojones habré hecho para merecer este desprecio. Y por más que pienso, no le encuentro explicación. Es uno de los pocos consuelos que me quedan en noches frías como esta, saber que tengo la conciencia limpia y tranquila. Es lo único que me ayuda a descansar.

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Parid, parid, malditos

Parid.

Parid, malditos.

Parid. Porque sois vosotros los que tenéis que levantar el país.

Olvidaros de estudiar. Formad una familia. Casaros. Y parid.

Trabajad duro para criar lo que habéis parido. Trabajad duro hasta que no os queden fuerzas. Recordad que el trabajo dignifica. Y el bebé no se va a criar sólo. Tenéis que comprar un piso, un lugar formar un hogar. Pero sobretodo parid, parid malditos.

Parid, porque con vuestro esfuerzo se paga la universidad de mis hijos, y los masters con los que harán curriculum para tomar los puestos de poder, desde los cuales os dirigirán en vuestros repulsivos puestos de trabajo.

Parid, porque sois vosotros y vuestros hijos los que con vuestro trabajo pagáis mis caprichos.

Parid, parid, malditos.

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30 de febrero de 2010 (Parte 1)

Día 28 de febrero de 2010.

Me despierto con la cabeza revuelta. La habitación está en penumbra. No soy capaz de discernir que hora del día es. Tampoco me importa. Me siento en el borde del colchón. Me duelen todas las articulaciones. Oigo a Catherine moverse en la cama junto a mí. Siseante, se acerca por la espalda. Pasa su cabeza por encima de mi pierna y baja hasta el suelo. El roce de su piel, fría y escamosa, me estremece. La observo mientras su cola llega al suelo, serpenteante. ¿Cuanto debe de medir ya, tres, cuatro metros? Me incorporo lentamente. Avanzo hacia lo que queda de aseo con paso torpe. Palpo la pared hasta encontrar el interruptor y enciendo la insignificante bombilla de 40W que da luz a la estancia, la única que me atrevo a encender, de vez en cuando. Me planto frente al espejo partido en dos. Abro el grifo del agua fría mientras una cucaracha rodea el lavabo huyendo de lo que me queda de humanidad. Cojo un poco de agua y me la lanzo sobre la cara. Me quedo mirando las manos, huesudas, arrugadas, esqueléticas. Como el resto de mi cuerpo. Miro hacia abajo y veo esa broma que una vez fue un cuerpo humano. Las costillas se marcan de forma brutal. El abdomen, hundido hacia dentro, da muestras de la falta de alimentación. El pene arrugado es una sombra de lo que fue. Las piernas, que no son más que un pedazo de músculo que apenas rodea al fémur, me sostienen, temblorosas. Mis pies han perdido toda sensibilidad por el contacto con el frío suelo. Tampoco siento las gotas de agua que caen desde mi cara directamente sobre el empeine del pie. Levanto la cabeza y me miro en lo que queda de espejo. A duras penas acierto a reconocerme. Los ojos, hundidos sobre las cuencas, han perdido su brillo. La mandíbula marca el contorno de una cara triste, demacrada. Unos cuantos mechones de pelo asoman sobre mi cabeza. Me toco los vacíos en la barba, restos del stress del pasado.

Vuelvo hacia la habitación con paso dubitativo, apoyándome en las paredes. El sonido de la televisión del apartamento de al lado rompe el silencio. Una sirena de policía lejana le acompaña desde la ventana de la calle. Me acerco a la ventana y aparto ligeramente la raída cortina. Parece que justo acaba de anochecer. Desde la ventana de mi apartamento en la Calle 143 puedo ver el cruce con Broadway y el tráfico intenso que circula por ella. Suelto la cortina, disgustado por este breve contacto con la humanidad. Oigo a Catherine sisear detrás de mí. Me giro y la veo reptando por el suelo, acercándose a mis piernas. Pasa por en medio de ellias y se gira, retorciéndose sobre mi tobillo. La aparto y me siento sobre la cama otra vez. Estoy cansado. Muy cansado. Creo que necesito…

Estoy tumbado en la cama. Siento una opresión en el pecho, un peso que me aplasta, una mano invisible que me retiene. Intento agitarme, liberarme, soltarme, pero no tengo fuerzas. Poco a poco la opresión se marcha. Intento centrarme. Apoyo mis manos para incorporarme y tocan algo frío y húmedo. Estoy en el suelo. Me pongo en pie confuso, perdido. Miro alrededor. Me encuentro en un pasillo estrecho, angosto, que se extiende en dos direcciones y del cual no puedo ver el final. Una extraña luz, tenue, que parece proceder de ningún sitio, ilumina débilmente el suelo. Siento que me falta la respiración, agobiado todavía por la opresión que sentía antes. El lugar tiene un olor intenso, amargo, ocre. Me acerco a la pared para sostenerme. Mis manos se apoyan sobre una sustancia fría, húmeda, viscosa. Su contacto hace que un escalofrío recorra mi espina dorsal. Me miro las manos bajo la escasa luz. Están manchadas. De sangre. Un trago de bilis amarga me sube por el esófago. Avanzo por el pasillo buscando una salida, arrastrando los pies sobre el húmedo suelo. Al avanzar me doy cuenta que las pareces no son rectas, si no que tienen un relieve extraño, casi orgánico. Sigo avanzando intentando ignorar el hedor que cada vez se hace más fuerte. Un sonido grave, débil, casi como un rumor, llega hasta mis oídos. Me acerco a la pared intentado buscar el origen. Entre la penumbra veo como parece rezumar algún tipo de liquido de la pared. Sigo avanzando. Los pies pisan cada vez más líquido. Las paredes se vuelven más irregulares. Por un instante parece que se mueven, que palpitan. Sigo avanzando. La vista se me nubla. Sigo avanzando. Me cuesta respirar. Sigo…

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Domingo calentito

Hoy es domingo. Hace frío. Estoy resfriado. Así que he decidido aprovechar mi nueva faceta de escamoteador de lo ajeno para aprovechar una de las cosas que aprendí de la última niña con la que estuve, hacer chocolate a la taza. Pero como uno está en fase expansiva creativa, no podía más que meterle mano a la receta y darle un toque personal. Así que le he añadido una cucharadita de miel. ¿Está más bueno así? Ni puta idea, oiga, porque como tengo la lengua de alpargata de esparto, no lo distingo. Pero mi irritada garganta dice que sí, y ella es la que manda. Qué tarde de domingo más ideal para acompañarla de un batín, una estufa o gatofactor, una peli y un tazón de chocolate caliente.

Hablando de lo cual… viendo la película de esta tarde, llena de personajes dubitativos entre el deber y el honor me ha venido a la mente una reflexión. ¿Cuales son los mecanismos cerebrales que nos hacen elegir entre diferentes opciones? ¿Cómo distinguimos entre una opción buena o mala? O más allá aún, ¿cómo elegimos entre el bien y el mal?

El problema es que el bien, como aquello de las opiniones y los culos, es un concepto diferente para cada persona. Creo que todos tenemos, o hemos tenido, gente a nuestro alrededor que consideramos malas, ahora mismo me vienen algunas a la mente. Pero estoy absolutamente convencido de que si le preguntara a ellas su opinión, responderían que son buenas personas, y que no hacen mal per se, más allá de cometer alguna equivocación puntual. Sin embargo, todos asumimos que tras ciertas acciones hay una voluntad expresa de hacer daño y, por tanto, de cometer el mal. Cómo se conjuga, por tanto, una cosa con la otra, queda fuera de mi comprensión.

Siempre he sido de carácter pasivo-reactivo, hasta el momento en que me vi reflejado en ojos ajenos: hay personas que no son capaces de aceptar las opiniones ajenas. Aún en cuanto ellas ni siquiera les afecten o influyan. Esto, es un serio problema de aceptación de la realidad tal y como es, y soy consciente de que hasta cierto momento del pasado, mi cabeza funcionaba así. Bendita psicología, uno descubre el maravilloso mundo de la asertividad y se da cuenta de que puede decir lo que opina y quedarse tan a gusto, oye. Y en esas estamos, aceptando el mundo tal y como es y esperando que el mundo sea capaz de reaccionar de forma asertiva y aceptarme como soy. Y si no, creo que le pueden ir dando por culo. ¿He dicho ya que me encanta la asertividad?

También me he dado cuenta durante los últimos meses que hay mucha gente que no es capaz de comprender el funcionamiento de las relaciones personales o, más bien, de la ley universal que rige todas ellas, la Ley del Karma. Vamos, que el mundo está lleno de Earls. Y uno reflexiona si, siendo tan universal dicha ley y los principios de acción y reacción que la gobiernan, la gente es tan zoquete que no es capaz de vivir de acuerdo a dichos principios. Una y otra vez me encuentro con gente con intensas deficiencias a nivel emocional, incapaces de controlar sus alteraciones de carácter, y con una pasmosa facilidad para, cuanto menos intentar, producir daño y dolor a aquellos que les rodean. Y, dejando de lado neurosis aparte, la persona que produce, por voluntad expresa o por omisión, daño a su alrededor merece ser llamada mala persona. Y punto.

Yo, personalmente, voy a seguir como el primer día, intentando dejar el mundo un poco mejor de tal y como me lo encontré, karma mediante. Por ello, a la próxima persona con la que entable contacto no le voy a hacer pagar el precio, o el desprecio, de todas mis parejas anteriores, como siempre he intentado que sea con todas las personas a las que he conocido hasta hoy. Confío en que ella será suficientemente madura para comprender tal verdad y librarme de las imperfecciones, delitos y faltas de sus amistades anteriores. Sé que va a ser así. ¿A que mola?

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La rutina que deja de ser rutinaria

Estoy feliz. Hoy ha sido un día completito. Las ventas acompañan gracias al día sin el impuesto sobre el valor añadido, he estado desbordado de trabajo. Miles de marrones por resolver, contratos por tramitar, ventas por apuntar. Un día de esos en que, o sales feliz del trabajo, o le prendes fuego a todo. Y ha sido lo primero. El chiquitín funciona de lujo, cada día mejor. Estoy planificando las vacaciones del mes que viene. Y otra cosa que me traigo entre manos, pronto tendréis noticias. La rutina a la que mi vida se había visto reducida, de repente, ha dejado de serlo. Cada pequeño acto es una sorpresa. Cada encuentro es una novedad. Cada mirada, un sueño. Cabalgamos, Sancho.

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