Infelices vocacionales

—Mira Eva, me resulta sorprendente como los seres humanos nos empeñamos en ser infelices.
—¿Qué quieres decir?
—Me refiero a que en muchas ocasiones sabemos lo que necesitamos para ser felices en ese momento. Pero por una u otra razón, no tenemos el estómago, o las ganas, de hacer lo necesario para conseguirlo y así ser felices, aunque sea por un rato.
—¿En serio crees que hacemos eso?
—Por supuesto. Mira, el otro día, navegando por internet, terminé sin saber como en el blog de Chapi Escarlata. Nunca había leído nada de ella, pero el post al que llegué me llamó mucho la atención: Un polvo del diez. Dice algo así:

No hace mucho, tomando una cerveza, una amiga se quejaba de estar sola. [...] Decía que muchas veces le dan ganas de hacer una locura. Conocer a alguien por Internet, quedar con él y echarse un polvo del diez, que tanta falta le hace. Pero luego reconocía su incapacidad para lanzarse a ello, siempre con excusas tontas para no hacerlo, sólo hablarlo. [...]
Su hijo de 25 entró en el local con una mujer bastante más mayor que él. Iban tan anchos dándose el piquito sin complejos. [...] No le gustó nada ver a su niño en semejante trance ni que “perdiera el tiempo” con una mujer mayor. Se le olvidó lo que ella quería dos minutos antes.
¿Que pierde el tiempo? le respondí. Yo creo que lo está ganando y tú deberías empezar en buscarte la vida ¿o ya no quieres un polvo del diez?

—Es un ejemplo perfecto de como las personas tenemos deseos y nos empeñamos en hacer lo que esté en nuestra mano para no conseguirlos. O muchas veces, sencillamente, no hacemos nada. No movemos un dedo por conseguir aquello que queremos. Preferimos obviar nuestros problemas, nuestros deseos, y quedarnos sentados delante de una cerveza lamentándonos por nuestra desdicha. ¿Nunca has estado hablado con algún amigo o amiga y, mientras te contaba un problema gravísimo, has pensado que ese problema no era tal, y que con el mismo esfuerzo que está empleando en contártelo lo solucionaba?
—Claro Jose, muchas veces. Pero las personas tenemos diferentes sensibilidades, diferentes experiencias. Lo que para una persona es trivial, para otra puede ser un problema gravísimo.
—Es cierto. Las personas que han sufrido más a lo largo de su vida suelen relativizar más los problemas que aquellas que han vivido toda la vida entre nubes de algodón viendo “La cenicienta” y “High School Musical“. La capacidad de adaptación es una de las grandes virtudes de la especie humana. Pero aún así nos empeñamos en encerrarnos, llegando a dedicar mucho esfuerzo y recursos en no adaptarnos al medio, en quedarnos como estamos, aunque reconozcamos que estamos mal.
—Puede ser. ¿Pero cómo es que te ha dado por este tema tan fuerte?
—Sencillamente, Eva, porque me he dado cuenta de que es lo que llevo haciendo toda mi vida.
Eva no supo que contestar, o prefirió no hacerlo. Yo tampoco dije nada más, sólo me atreví a apurar lo que quedaba de mi cerveza y murmurar una excusa para poder marcharme a casa con mi mal humor. Y es que, a veces, jode mucho tener razón.

7 thoughts on “Infelices vocacionales

  1. Hombre, también es bueno que existan momentos para ver “La cenicienta” (ehhh, ¿no había nada menos cursi? :-P ). Bien es cierto que nada se soluciona sin hacer nada, y que no hay excusa si ante una situación adversa existe una salida en la que no hay nada que perder y no se toma. Así, reflexionas, te motivas y… te deshinchas. Somos animales de costumbres muy mal acostumbrados.

    ¿Es un problema cultural?

  2. Y digo yo… y si en lugar de volver a casa de malhumor dices aquello de ¡Diantres, vamos a empezar una nueva era! Y, ya, de paso, amortizas el descubrimiento y te das la razón de tener razón.
    :-)

  3. ¿Es un problema cultural?

    No se si es un problema cultural o un problema de la especie humana en su conjunto. Lo que está claro es que es un problema.

    Aún así, personas de todos los tipos, edades y costumbres, se empeñan en ser infelices continuamente. Por ejemplo, cuando millones de personas sin pareja, que tienen la necesidad de estar con alguien, son incapaces de encontrar nadie que se le acomode. A mi me han acusado algunos de mis amigos de ser demasiado exigente, cuando creo que la realidad es precisamente lo opuesto. El hecho es que por un motivo u otro, no somos capaces de hacer aquello que está en nuestra mano para conseguir la felicidad.

    Debería dejar de pensar y comenzar a actuar. Pero precisamente ese es el problema, que soy incapaz. ¿El motivo? Una evidente falta de eso que llaman inteligencia emocional, acompañado de una buena dosis de la inteligencia tradicional. ¿El resultado? Un desastre.

    O eso, o es que me va a venir la regla.

    Se admiten sugerencias.

    P.S.: ¿Manolo, entiendes ahora por qué este post tenia que ver contigo? :D

  4. A ver, eso de la regla tiene mucho mito :-P Te arreas un tampón y a botar (que lo de votar es en marzo :-) )
    Bueno, yo me las doy ahora de lista, pero hace un año no lo tenía tan claro. Pero, tío, hay que clarificarse. Por eso me fui de casa, ya estaba bien de joderme viva. Prefiero moverme y equivocarme, que quedarme quieta y congelarme ¡¡he dicho!! :-D

    Si lo intentas, te puede salir mal, vale. Si te quedas quieto, ¿qué posibilidades hay de que salga? ¿0 o ninguna? :-)

  5. Pingback: Hablando con Eva » La (f)utilidad de votar