—Qué buen día hace hoy…
—En realidad, Eva, ha estado todo el día nublado.
—¿Porqué dices eso?
—Porque hoy necesitaba hablar con alguien. He estado así todo el día, con ganas de charlar. Y al final no he hablado con nadie.
—Bueno, estás hablando conmigo ahora.
—Sí, pero tu no cuentas.
—Gracias, por la parte que me toca.
—Mujer, no te lo tomes así. Ya sabes que tu eres para mi… bueno…
—Sí, sí, arréglalo.— Eva no pudo esbozar una sonrisa mientras se hacía la enfadada.
—Bueno, a lo que iba. Todo el día queriendo hablar con alguien pero al final me ha faltado tiempo. Y me he quedado con las ganas. No se, lo necesitaba. Quería desahogarme.
—¿Que te pasa?
—No es que me pase nada, es que necesitaba hablar y…
—Vale, vamos a hablar claro. A mi no puedes venirme con esas milongas. Si necesitas hablar con alguien es porque algo te pasa. Y déjate de historias.
—Uh, vale. Es sólo que últimamente… echo cosas en falta en mi vida. Y tomo la decisión de ir a por ellas, pero me pasa lo mismo, que el ajetreo diario me absorbe y al final del día… no he hecho nada.
—Es que eres un indeciso de mierda.
—Valeee, no te pases.
—No, joder, las cosas como son. Que nos conocemos lo suficiente como para que sepa de que pie ojeas. Tu problema es que no eres capaz de establecer unas prioridades. A las cosas que consideras importantes deberías dedicarles parte de tu tiempo. No puede ser que, un día tras otro, te dediques a sobrevivir sin hacer nada de lo que realmente te importa.
—Si no es que no quiera, es que al final las cosas se complican y… Mira, hoy quería hablar con alguien y al final he terminado discutiendo con gente. Justo lo contrario de lo que quería.
—Bueno, yo te he dicho lo que hay. Si decides actuar o no, ya es cosa tuya. A mi no me apetece escuchar la misma historia por enésima vez.
—Eva…
—Hasta luego.