
El 25 de julio del 2000, el vuelo 4590 de Air France partía del Charles de Gaulle en dirección al JFK de Nueva York. Curiosamente, sólo los 9 tripulantes del avión eran franceses. Todos los pasajeros menos uno eran europeos, la mayoría alemanes. Tres de ellos eran niños. Aparentemente, una chapa de metal desprendida de un DC-10 de Continental Airlines que había despegado 4 minutos hizo que uno de los neumáticos reventara. Una inesperada cadena de sucesos provocó que el aeroplano del vuelo 4590, un Concorde, sufriera una perforación en un depósito de combustible y se prendiera fuego. Superada la velocidad a la que es seguro detenerse sin salirse de la pista, los pilotos intentaron remontar el vuelo pero el Concorde apenas pudo elevarse unos 200 pies sobre el suelo (unos 60 metros de altura) para terminar estrellándose a unos 2 km. de distancia del aeropuerto. Como resultado del accidente fallecieron los 109 pasajeros del avión, incluyendo tripulación, así como 4 personas que estaban en tierra.
Debido al accidente se cancelaron todos los vuelos del Concorde durante aproximadamente un año para estudiar y mejorar sus medidas de seguridad. El 11 de septiembre del 2001, el Concorde de B.A. (British Airways) volvió a volar comercialmente de Inglaterra a EE.UU. con personal de B.A. como pasajeros. Mientras éste estaba en el aire, al otro lado del atlántico dos aviones se estrellaban contra las torres gemelas. El Concorde estuvo volando comercialmente durante 2 años más, el 24 de Octubre del 2003 el Concorde aterrizó por última vez en Heathrow. Aunque el accidentado 4590 de Air France no fue el último vuelo de Concorde, si que supuso el principio del fin de su trayectoria.
La historia del Concorde comienza en la década de los 60, pero la crisis del petroleo de los 70 produjo la cancelación de muchos pedidos del emblemático avión, quedando sólo Air France y British Airways como únicos clientes. El vuelo supersónico del Concorde se empleó para unir la costa este de EE.UU. con Francia e Inglaterra en la mitad de tiempo que un vuelo convencional, estableciendo el record en unas soprendentes 3 horas y 5 minutos entre Heathrow y el Logan International Airport de Boston dos semanas antes de su último vuelo.
Los altos costes de mantenimiento, el precio del combustible y la escasa capacidad del avión (unos cien pasajeros, frente a los más de doscientos de otros vuelos comerciales) minaron la rentabilidad del aparato hasta su retiro definitivo. 18 de los 20 Concorde que se fabricaron se conservan en museos actualmente, siendo las únicas excepciones el 211 (F-BVFD) que se desmanteló para el aprovechamiento de piezas como recambio y el 215 (F-BVFF) estrellado al norte de París.
La historia de la aviación es larga y el hombre siempre ha soñado con volar. Con el Concorde desapareció no sólo el aeroplano comercial más avanzado, sino también el que más ha hecho soñar a los hombre en toda la historia de la aviación. Esperemos que la humanidad algún día pueda volver a mirar al cielo y soñar tal y como lo hizo entonces.
Agosto 5th, 2008 at 23:24
Y uno de los aviones más hermosos y elegantes (si no el que más). Salvando las distancias, los Airbus transoceánicos me recuerdan a las ballenas gibosas; el Concorde era un cisne, sin embargo
Agosto 6th, 2008 at 0:07
La verdad es que la sensación cuando de niño, después de haber visto aviones “normales”, ves este, es indescriptible.