Antes de ir a trabajar he bajado a comprar algo para comer al Mercadona. Es un día fresco, aunque tampoco hace excesivo frío, lo habitual en estas fechas. La gente camina tapada hasta las orejas con bufandas y pañuelos, pero creo que exageran. Yo voy con un jersey y la americana y no tengo frío. Al salir del súper giro la esquina y la luz del sol me golpea en la cara. El sol está muy bajo y la luz me molesta en los ojos. Pero no me importa. El calor del sol me acaricia. Me mece. Me arropa. Me gusta el calor.
De camino a casa paso por el lado de un parque. La luz del sol se cuela entre los árboles formando una silueta sobre un trozo de hierba de unos cuatro metros cuadrados. En él, una docena de palomas están sentadas, quietas, adormiladas, recibiendo el calor del sol. Les gusta el calor.
Llego a casa y veo a Iris subida en la repisa de la ventana. Le gusta subirse ahí porque esa ventana da al sur y pega el sol durante todo el día. El sol le hace entrecerrar los ojos. Me acerco y la acaricio. Su piel es suave y cálida. A Iris le gusta el calor.

La búsqueda del calor es algo instintivo en muchos seres vivos. Es la búsqueda del bienestar, de la comodidad. Viene de alguna manera programado en nuestro comportamiento base, animal, irracional. No sabemos porqué, pero lo queremos. Lo buscamos. Lo necesitamos. Queremos tenerlo.
Para mí, la búsqueda del calor es instintiva. Viene programada en mi sistema operativo. No puedo ignorarla, y no puedo huir de ella. No puedo hacer como si no estuviera. Quiero sentir el calor. Necesito sentirlo.
Últimamente personas me juzgan por buscar calor. Por hacer exactamente lo mismo para lo que ellos están programados genéticamente. Por hacer lo mismo que ellos hacen todos los días. La ventaja de tener un doble rasero es que puedes descargar tus iras sobre las personas que hacen lo mismo que tú y no sentirte culpable. Su mente es un “Haz lo que digo, no lo que hago.” Qué fácil es vivir así, sin tener ningún dilema moral. A todas esas personas, si las tuviera delante, les diría… les diría…
¡Anda a cascarla, hombre!
Y sí, toda esta entrada es una excusa para poner una foto de mi gata tomando el sol =P
Pues yo odio el caloooor y aunque hace mil que has publicado esta entrada yo la rescato y te digo que tengo ganas de que llegue ya el 20 de diciembre para sentir el fresquito en mi cara, para buscar el fresquito :p Eso si, el calor humano que no me lo quiten
Por cierto, tu gatita es preciosa