Hablando con Eva, hablando de Eva

Eva, dicen que la necesidad crea extrañas amistades.

Últimamente la necesidad me ha hecho hacerme amigo mio. Necesitaba hablar con alguien, pero no había nadie que me pudiera escuchar. Así que no me ha quedado más solución, bendita necesidad, que hacerme amigo mio y así poder hablarme, poder escucharme, poder pedirme consejo y apoyarme cuando lo necesito.

No es algo nuevo, Eva, he pasado toda mi vida así. Siempre he tenido más necesidad de hablar con los demás que gente dispuesta a escucharme. Y así ha sido que siempre he terminado contándote los problemas a ti, que estabas sentada a mi lado. Y tu me escuchabas y me hacías reflexionar. Y repetíamos las conversaciones una y otra vez hasta que conseguía sacar algo en claro. Pero últimamente no he hablado mucho contigo. Sabes que he estado hablando con otra persona. Necesitaba hablar con ella, necesitaba analizar lo que ha pasado. Necesitaba pedirle explicaciones. Necesitaba entenderlo. Y después de haberle dado mil vueltas, después de haber imaginado todas las charlas posibles con ella, sigo sin entenderlo.

Ya se que en realidad eso forma parte del pasado. Y no quiero vivir pensando en el pasado. Pero resulta difícil vivir con el pasado a cuestas. Especialmente cuando el pasado es una losa que pesa y te aplasta la espalda, te hunde contra el suelo. En este momento, no soy capaz de hacer distinción entre pasado y futuro. Todo es lo mismo para mí. Pero lo intento, una y otra vez. Intento superar mis limitaciones. Irónicamente, parece que soy muy limitado como para poder superarlas. Y así amanece y anochece, una y otra vez, peleando una batalla perdida hace 15 años, una batalla en la que nunca me alisté.

Razones. Razones para estar a las 5 de la madrugada escribiendo esto, sin poder dormir, sabiendo que dentro de tres horas me tengo que levantar para ir a trabajar, a ese trabajo que cada día me vacía un poquito por dentro. Y no quiero irme a dormir, porque cuando lo hago sueño con ella. Y sueño que me habla, y que me dice que no ha pasado nada, que todo ha sido un malentendido, y que ella siempre ha estado ahí. Y no quiero dormir porque después me despierto y me doy cuenta de que no es verdad, que ella nunca estuvo por más que me dijera que sí, y que nunca lo estará. Una mancha de café en una hoja de papel, un soplo de aire cuando abres la ventana, un sueño de una noche de verano. Algo fugaz y efímero que sólo existió en la mente de algún enfermo. Un espejismo. Una ilusión. Y de ilusiones, Eva, no se vive.

Me hierve la cabeza. Pero a veces me da la impresión de que el corazón no me late. ¿Tiene algún sentido esta entrada? ¿Tiene algún sentido algo de lo que te he escrito últimamente? ¿Acaso tiene sentido algo? Nada tiene sentido, y yo necesito encontrárselo. Y lo haré, aunque muera en el intento.

Voy a intentar dormir. Voy a intentar dormir. Y a cruzar los dedos para, cuando despierte, no estar soñando con ella. Ya duele bastante verla estando despierto como para verla también mientras duermo.

This entry was posted in Hablando con Eva and tagged , . Bookmark the permalink.

One Response to Hablando con Eva, hablando de Eva

  1. Puqui says:

    Bueno, yo también necesito muchas veces hablarme a mi misma, y no me parece nada mal, me encanta hablarme. Por ello escribo un diario es mi forma de dedicarme unos minutos de reflexionar sobre mis decisiones y mis miedos.
    Y por cierto ya sabes que conmigo puedes hablar, aunque… no siempre te dé la razón. Jejeje! Un besito!