La décima temporada de C.S.I. ha empezado

Y lo hace de una forma espectacular. Estos son los primeros 2 minutos de la décima temporada. Sin palabras.

¿Recuerdas esta canción? Vol. 5

La entrada de esta semana (con una semana de retraso) va dedicada a uno de los grupos que se han mantenido más años activos en el mundo de la música, Fleetwood Mac. La historia de Fleetwood Mac es larga y farragosa, durante su trayectoria ha pasado por innumerables cambios de formación, hasta el punto de que hoy en día sólo queda uno de los componentes originales, Mick Fleetwood.

Fleetwood Mac se forma en 1967 en Londres, germen de la música que dominaba en ese momento el mercado. Sus componentes provenían de otros grupos donde se habían codeado con personajes que también terminarían despuntando en el mundo de la música (Clapton, Rod Stewart). Después de unos primeros discos con mucha repercusión mediática, Fleetwood Mac terminó la década de los 70 como uno de los grupos más populares de Reino Unido.

Los problemas mentales y con las drogas de Peter Green, el por entonces cabecilla del grupo, propiciaron su salida del mismo a finales de 1970. Éste fue el primer cambio importante de formación para la banda, y gracias a ello, algunos de los que habían entrado en la banda en los últimos años fueron cogiendo más peso en la parte artística del grupo. Durante los siguientes años siguientes, la banda fue publicando más discos, con un notable cambio de estilo, y comenzaron a popularizarse notablemente en Estados Unidos, donde además marcharían a grabar sus álbumes.

Así llegamos al año 1975. La formación de la banda en ese momento es Mick Fleetwood (percusión), John McVie (bajo), su mujer Christine McVie (voz, teclados), Lindsey Buckingham (guitarra) y pareja Stephanie “Stevie” Nicks (voz). El lanzamiento ese mismo año del álbum con su mismo nombre fue un éxito tal que no sólo llegó al número uno de EE.UU., sino que tuvo el record de semanas en ese puesto hasta el año 1989. La cadena de acontecimientos que rodeó el lanzamiento de ese álbum terminó con el matrimonio de McVie y con la relación de Buckingham y Nicks, pero el grupo no se separó, sino que siguió trabajando en su siguiente álbum.

Dos años después se publicó Rumours. Las letras intensas, que relataban el sufrimiento de las rupturas, junto con la música más comercial del grupo hasta el momento catapultaron éste álbum al número uno de todas las listas. Rumours terminó siendo el tercer álbum más vendido de la década de los 70 según la RIAA. Y de este álbum es la canción que quiero presentar hoy, Dreams.

Dreams fue el único número uno de todos los singles del disco, y es una de las canciones optimistas del disco, al contrario que otras como Go your own way, por la cual algunos de los componentes llegaron a estar enfrentados. Es una canción dulce dentro de algo gris, como el olor a lluvia que te reconforta enmedio de la tormenta. Fleetwood Mac tiene varias canciones muy conocidas, como Don’t stop o Everywhere, pero Dreams es, sin duda, la más popular.

En el año 1998, formando parte de un álbum tributo a Fleetwood Mac, se incluyo una versión de Dreams realizada por The Corrs, que será posiblemente la que la mayoría de vosotros tengáis más fresca en la memoria. Esta es una versión en directo con el propio Mick Fleetwood a la batería.

La historia de Roberto y Marta

—Hace tiempo que no hablamos en serio, Eva.
—La verdad es que sí.
—Estaba pensando en hablarte de Roberto. Es una historia un poco larga, así que te la voy a resumir.

“Roberto y Marta nacieron y vivían en la misma población, una de esas que vive casi exclusivamente del azulejo y la naranja. Se conocieron en una de las fiestas, cuando tenían 17 más y menos, y al poco empezaron a salir. Estuvieron unos diez años festeando y decidieron casarse.

Sus amigos llenaron la localidad de carteles con sus caras. “Roberto y Marta se casan dentro de 2 semanas.” Roberto se esperaba algo así. Marta también, pero no le hizo tanta gracia. ¿Y si lo veían sus padres? El pisito estaba casi terminado de amueblar. Limpio. Impoluto. Un piso nuevo, completamente amueblado, virgen, sin que nadie hubiera dormido ni una vez en él. Lo reservaban para irse a vivir después de haberse casado.
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Cine: Children of men, Powder Blue

Antes iba mucho al cine. Todos los martes solía ir con una pareja de amigos míos a un multicine, en el que siempre solía haber una película que valía la pena ver. Los martes, con el carnet de la universidad, el cine nos costaba lo mismo que el día del espectador, pero podíamos sentarnos donde quisiéramos porque estaba vacío. Luego la calidad de las películas empezó a empeorar, su relación también, y así fue que dejé de ir al cine. Internet terminó de ponerle la guinda al pavo. Después, a raíz de mis numerosos problemas mentales, comencé a sufrir déficit de atención y, como resultado, soy incapaz de ver una película del tirón. De hecho, me cuesta horrores ver un capítulo de un serie del tirón, y eso que sólo duran 45 minutos. El ver una película de 90 a 105 minutos entera el mismo día se me antoja completamente imposible.

Pues ayer lo hice.

Me acosté en la cama dispuesto a empezar a ver una película, ya que mi disco duro no da más de sí, y navegué con el mando (bendito MythTV) por la lista de películas. Había pocas que me llamaran la atención, y de las que lo hacían, no tenía los subtítulos descargados. Al final seleccioné una, no recuerdo muy bien porqué. Y me dispuse a verla.
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Vodafone, los comerciales, las tiendas y su p*** madre

La historia es la siguiente: hombre, de mediana edad, responsable de una empresa, decide instalar ADSL de Vodafone en la misma y hacer portabilidad de las cuatro líneas de fijo/móvil que tiene. Quien sea que le ofrece el servicio le vende la moto muy bien y le cuela el pack completo sin tener en cuenta las incompatibilidades del servicio como, por ejemplo, que los servicios de fax, teleasistencia, TV de pago, etc. no funcionan porque la telefonía “fija” de Vodafone va a través de líneas móviles GSM (es decir, que no es fija).

Al cliente le instalan toda la pesca y descubre que el fax no funciona. Decide presentarse en la tienda Vodafone Enterneti del centro comercial La Pimentera. Dependienta informa que el fax sí que funciona perfectamente, sólo que para ello necesita un dispositivo PTR (o PCL o PLC, el cliente no lo tenía muy claro). Que ellas no disponen de él, pero que se persone en Mitg Merkat que allí tienen de todo.

Y en esas estamos que el cliente se persona delante de mí un miércoles a las 11:20 de la mañana.
—Oye, perdona, ¿dónde tenéis los PLC?

Tras mi cara de resignación, me pongo a preguntarle intentando averiguar que es lo que quiere exactamente, para mandarle a informática, al piso de abajo, al Tedoy Perlin o al Fue Verde, según el producto por el que pregunte. Y no, no tenemos fundas para los asientos del coche en Mitg Merkat por mucho que me digas que tu cuñado se las compró aquí.
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¿Recuerdas esta canción? Vol. 4

Inglaterra, 1968. Los años 60 llegaban a su fin, la Beatlemania comenzaba a apagarse, y otros estilos musicales comenzaban a abrirse paso hacia el mainstream. Robert Fripp, guitarrista, decide formar un grupo junto con el baterista Michael Gilles, después de haber grabado algunos temas junto con el hermano de Gilles, con el nombre de The Cheerful Insanity of Giles, Giles and Fripp.

El grupo de Fripp y Gilles se llamó King Crimson y lanzó al poco su primer álbum, titulado In the Court of the Crimson King. Este álbum, que fue recibido con críticas enfrentadas, es uno de los precursores del rock progresivo. A él pertenece el tema que presento hoy, que además de ser el último del álbum lleva el nombre del álbum, The Court of the Crimson King.

The Court of the Crimson King es un tema esencial del rock progresivo, complejo, algo ecléctico, con una importante carga vocal que eleva la potencia del tema, el cual induce una atmósfera difusa, borrosa, que recuerda inevitablemente a las drogas y a los excesos de la época.

King Crimson tiene el dudoso honor de ser uno de los grupos más irregulares de la historia, con épocas de desaparición y reformación con hasta veinte miembros diferentes, de los cuales el propio Fripp ha sido el único en mantenerse siempre. La carrera de Fripp ha sido diversa, desde participar en el G3 con Steve Vai, hasta colaborar con Microsoft en el desarrollo de Vista. Aun así, tiene el honor de ser, él, y King Crimson, referentes en el género del progresivo.

El tema se merece una escucha tranquila, así que disfrutadlo y saboreadlo. De verdad que vale la pena.

Una de las pocas grabaciones de una versión en directo del tema.

El final del verano

Abro los ojos lentamente. Una luz tenue entra por el hueco de un palmo aproximadamente que hay entre la persiana y el borde de la ventana. Una luz gris, apagada, monótona. Termino de abrir los ojos observando la ventana con detenimiento y me doy cuenta de que está aquí, ya ha llegado.

Dum du-ru-du-dum du-ru-du-dum…

Levanto la mirada hacia la mesita y veo el despertador. Son las 9:15, lo cual confirma mis sospechas: no es habitual que haya tan poca luz a estas horas. Y además… ¡Mierda! ¡Llego tarde a trabajar!

Dum du-ru-du-dum du-ru-du-dum…

Me ducho en un minuto, aparte de por las prisas, porque la caldera está estropeada y sólo da un minuto de agua caliente. Parece que la hija de puta se ha apuntado a la moda de la ecología y quiere que ahorremos agua. No puedo evitar espetarle a la caldera un Agua (caliente) para todos.

Dum du-ru-du-dum du-ru-du-dum… El…
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El gafapastismo ilustrado

Entro en el recinto ligeramente ofuscado, abrumado por esa multitud de gente diversa que me rodea en la cola. Pero la observación detenida permite trazar un perfil más preciso del visitante de aquel lugar. Ellas, con el uniforme oficial: pantalones cagaos y camiseta de tirantes. Ellos, ligeramente más formales en el vestir, pero acompañados de su bici. Porque el gafapastismo no sólo es una ideología, es una forma de entender la vida, y el gafapastismo y la ecología van cogidos de la mano. A mi no deja de sorprenderme que un gafapasta, un fan de la cultura, del diseño, del arte… que normalmente es caro y sobrevalorado, abogue por algo tan mundano y poco glamuroso como el transporte público o la bicicleta. El concepto de un marchante de arte, que no es más que un gafapasta profesional, entrando a su galería de arte con una bicicleta me chirría ligeramente.

Otra cosa que me chirría es la cultura de los fans de la cultura. Cuando en el momento en que el protagonista del filme va a soltar una gracia, toda la sala ya se está riendo: han leído el chiste en los subtítulos. Que pienso yo que tendría sentido si fuera una película iraní, tradicionalmente gafapástica, pero siendo la película en inglés, que nadie en toda la sala aparente saber de la lengua de Shakespeare dice mucho de estos gafapásticos fans de la cultura.

Siempre que me encuentro con esta gente me pregunto hasta que punto realmente les interesa lo que ven o es que lo hacen sólo por aparentar, como el jefecillo que se compra un coche más grande, la ama de casa cincuentona un jarrón más grande, el inmigrante del este que se compra un móvil más grande… Pero, gafapastas del mundo, ¿realmente os interesa lo que escribió o dejó de escribir Bukowski? ¿Sois capaces de manteneros despiertos lo que dura una película de Lars Von Trier? ¿No os aburre escuchar el canto melancólico de ese imbécil músico desgraciado al que dejó su novia por ser un triste y un amargado, y no sólo no ha conseguido superarlo sino que ademas os cuenta sus miserias con unas letras depresivas e inductoras de suicidio, dignas de Maná?

No se como lo hacen, en serio. Reconozco que entiendo tanto de su filosofía como de las normativas comerciales del año 1970 en Senegal. Así que al final me vuelvo a Castellón en mi coche, que en bici me pilla un poco lejos. Y me alegro, por una vez en la vida, de vivir en Castellón, puesto que aquí el gafapastismo no está tan desarrollado. Y con la sensación de que yo no podría ser un gafapasta por mucho que lo intentara.