De vuelta al punto de partida

Ayer hizo un año desde que me marché buscando una vida diferente y, después de un buen pateo, me he despertado otra vez, un año después, exactamente en el mismo sitio en el que me encontraba.

Sigo peleando por marcharme de la casa en la que no quiero estar, y por tener el piso que no puedo tener.
Sigo peleándome conmigo mismo por querer tener a las mismas mujeres que no quieren estar conmigo.
Sigo peleando por cambiar una vida que, un año después, sigue exactamente igual.
Sigo peleándome con gente que, teniendo los mismos problemas que yo, no es capaz de comprender lo que me sucede.

Y vuelvo a mirar a mi alrededor y me encuentro en el mismo sitio y con la misma gente, con esa desazón de aquel que marcha en busca de algo excitante y regresa con las manos vacías, con la barba sin afeitar, los pies cansados y con el corazón envejecido y arrugado. Pero exactamente en el mismo lugar en el que estaba hoy hace un año.

Uno podría debatir que, claro, lo importante no es el llegar al destino, sino lo interesante del viaje recorrido. Y yo le respondería que, sin quitarle razón a lo de disfrutar del viaje, vaya mierda si terminas donde estabas. Como el tonto que da vueltas en círculos en el bosque. Yo, si ando, es para llegar a algún sitio, no para quedarme donde estaba.

Es éste uno de esos momentos en que te pones trascendental, y te preguntas que ha pasado, porque has terminado por volver, que coño has hecho mal, como el inútil que se poner a mirar el mapa sólo después de haber hecho cincuenta kilómetros con el coche en la dirección incorrecta. Y lo peor es que no tienes respuesta, más allá de cagarte en tu sombra. No se el porqué, porque si lo supiera, no habría metido la pata así.

Debería de cambiar el chip, de pensar que a partir de hoy empieza otro viaje emocionante, y que vuelvo a partir en busca de un lugar que desconozco y que me espera. Pero uno se hace mayor, y está cansado, y ya no tiene fuerzas para empezar otro viaje así.

¿Tengo que tirar la toalla? La lógica dice que no. La experiencia dice lo contrario. Y el corazón le da la razón. Son dos contra uno.

Etiquetas: ,

  1. Sr. Sincero’s avatar

    No soy quien para dar consejos. Esto que reflejo en este comentario es una opinión. Comenzar de cero es muy duro. Pero lo harás. No se puede vivir sin las relaciones personales y más una persona que ya ha vivido alguna. Todos hemos pasado por cosas parecidas a las que cuentas, incluso te diré que me he sentido identificado en algún pasaje de este blog. Pero comenzarás de nuevo. Suerte.

    Responder

  2. José Luis’s avatar

    Seguramente, sí. ¿Qué otro remedio queda? El problema es que cada vez que te hostias, cuesta más volverte a levantar. Como el chico gordote que se pega con el cachas del colegio, y lo único que hace es comer tierra. ¿Qué sentido tiene? No soy una persona religiosa, pero entiendo porque hay gente que lo es. Sobrevivir sin tener algo más que justifique toda esta mierda es muy difícil.

    Responder

  3. Manolo’s avatar

    Y por qué se me habrá pasado por la cabeza una escena de Martin Hache en la que Dante recrimina diversos aspectos de la vida de Martin (“Siempre hay que seguir”, youtube es tu amigo).

    Actitud, divino tesoro.

    Hugs, man!

    Responder

  4. www.dinerodelmundo.es’s avatar

    No es fácil y no eres el unico, empezar cuesta y a todos nos duele recordar la ilusión con la que lo hicimos la ultima vez y ahora encontrarnos en el mismo lugar y es que empezamos con tanta ilusión y vernos que todo lo que soñamos y queriamos no llego después del tiempo que nos lo propusimos nos frustra, pero como dice no queda de otra más que empezar de nuevo, Animo.

    Responder

  5. José Luis’s avatar

    Y un mes después, he dado otra vuelta por el mundo, y he vuelto a llegar al mismo sitio.

    Queridos Reyes Magos:

    Como regalo de navidad espero un GPS.

    Muchas gracias por adelantado

    Atentamente,
    Hablando con eva.

    Responder

Los enlaces en los comentarios pueden encontrarse libres de nofollow.