<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?>
<rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Hablando con Eva &#187; Hablando con Eva</title>
	<atom:link href="http://hablandoconeva.com/category/hablando-con-eva/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>http://hablandoconeva.com</link>
	<description>Conversaciones de un adolescente de treinta y tantos con su costilla flotante</description>
	<lastBuildDate>Mon, 12 Mar 2012 01:29:22 +0000</lastBuildDate>
	<language>en</language>
	<sy:updatePeriod>hourly</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>1</sy:updateFrequency>
	<generator>http://wordpress.org/?v=3.3.2</generator>
		<item>
		<title>La historia de Roberto y Marta</title>
		<link>http://hablandoconeva.com/2009/09/la-historia-de-roberto-y-marta/</link>
		<comments>http://hablandoconeva.com/2009/09/la-historia-de-roberto-y-marta/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 14 Sep 2009 22:15:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hablando con Eva]]></category>
		<category><![CDATA[Eva]]></category>
		<category><![CDATA[piso]]></category>
		<category><![CDATA[relación]]></category>
		<category><![CDATA[vida]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://hablandoconeva.com/?p=801</guid>
		<description><![CDATA[—Hace tiempo que no hablamos en serio, Eva. —La verdad es que sí. —Estaba pensando en hablarte de Roberto. Es una historia un poco larga, así que te la voy a resumir. &#8220;Roberto y Marta nacieron y vivían en la &#8230; <a href="http://hablandoconeva.com/2009/09/la-historia-de-roberto-y-marta/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>—Hace tiempo que no hablamos en serio, Eva.<br />
—La verdad es que sí.<br />
—Estaba pensando en hablarte de Roberto. Es una historia un poco larga, así que te la voy a resumir.</p>
<p><em>&#8220;Roberto y Marta nacieron y vivían en la misma población, una de esas que vive casi exclusivamente del azulejo y la naranja. Se conocieron en una de las fiestas, cuando tenían 17 más y menos, y al poco empezaron a salir. Estuvieron unos diez años <em>festeando</em> y decidieron casarse.</p>
<p>Sus amigos llenaron la localidad de carteles con sus caras. &#8220;Roberto y Marta se casan dentro de 2 semanas.&#8221; Roberto se esperaba algo así. Marta también, pero no le hizo tanta gracia. ¿Y si lo veían sus padres? El pisito estaba casi terminado de amueblar. Limpio. Impoluto. Un piso nuevo, completamente amueblado, virgen, sin que nadie hubiera dormido ni una vez en él. Lo reservaban para irse a vivir después de haberse casado.<br />
<span id="more-801"></span><br />
La boda fue muy bonita, como tiene que ser. Aunque a Marta los preparativos casi le provocaran una úlcera. Roberto no era capaz de seguir su ritmo, se le olvidaban las cosa, y aunque quería hacer feliz a Marta, no entendía la necesidad de hacer todo ese gasto. Él quería casarse, o eso pensaba, pero ¿era necesario tanto&#8230; de todo? Roberto veía que su sueldo en la azulejera era insuficiente para pagar todo eso, así que le pidió ayuda a sus padres. Marta, en cambio, daba la ayuda de sus padres por segura: al fin y al cabo, siempre se lo habían pagado todo. Aunque la empresa de su padre no iba tan bien como antes, él era de los que &#8220;no escatiman gastos&#8221; y se propuso darle a su hija el bodorrio más grande de toda la localidad.</p>
<p>Un año y medio después, la situación era muy complicada. Roberto sentía que su relación se había consumido como una vela. No se sentía demasiado atraído por Marta, a pesar de que sabía que debía hacerlo. A Roberto le interesaban otras mujeres, pero no se atrevía a ponerle los cuernos a Marta. Marta seguía tontamente enamorada de Roberto, pero su incomodidad aumentaba día a día. Casi todas esas pequeñas cosas que había querido cambiar de Roberto seguían ahí. Y cuanto más empeño ponía en hacerle cambiar, parecía que más empeño ponía Roberto en hacer esas cosas. La situación económica no era demasiado buena, la hipoteca se había puesto por las nubes, y Roberto tenía mucha suerte de que no le hubieran echado de la fábrica ya. Marta conservaba su trabajo, pero seguía cobrando el irrisorio sueldo de negocio familiar, y los gastos de la casa ya no le permitían los lujos que se tomaba antes de estar casada.</p>
<p>Roberto nunca había expresado sus dudas, siempre intentaba poner buena cara delante de sus amigos, principalmente porque sus amigos eran también los de Marta. Sólo alguna vez, en reunión, cuando las chicas se habían alejado, se atrevía a arrugar la nariz cuando alguien comentaba algo al respecto. Pero nunca se atrevía a contarle sus sentimientos a nadie. De hecho nunca se los había contado tampoco a Marta, y lo peor es que Roberto ni siquiera era consciente de ello.</p>
<p>Marta no se encerró en su vida marital y empezó a frecuentar otros ambientes. Además de las horas de gimnasio habituales, se apuntó a clases de Reiki, que le habían dicho que le irían muy bien para equilibrar su&#8230; su algo, no sabía el que. Se había perdido ese día de clase. La visita quincenal a la peluquería comenzó a ser semanal. Marta no sentía nada cuando miraba otros hombres, para ella sólo existía Roberto. Pero cuando en el gimnasio veía de reojo a aquel chico que se le acercó un día, Alberto, uff. Marta giraba la cabeza y seguía a lo suyo. Sabía que no debía pensar esas cosas.</p>
<p>Una amiga suya le recomendó libros de Jorge Bucay. Marta comenzó a leer sin interés, pero poco a poco los libros le iban revelando la solución a sus problemas. Era demasiado condescendiente con Roberto. ¿Condescendiente? ¡Era tonta! Su vida estaba dominada por él, siempre tenían que hacer lo que él decía. Aquel libro le iluminó: debía ser egoísta. Debía vivir su vida. Que los demás apechugaran con la suya.</p>
<p>Aquella tarde-noche Roberto quedó con sus amigos. Juanan había vuelto de viaje, llevaba dos años viviendo en Brest. Roberto nunca había querido estudiar, decía que era tontería. Siempre se había burlado de Juanan por ello. Pensaba que era un vago, que no quería trabajar. Juanan terminó una carrera de 3 años, el último de los cuales lo pasó de Erasmus. Se quedó allí. Y luego otro lugar. Y otro. Ahora vivía en Brest, con una francesita un poco perroflauta, pelirroja y con el pelo corto. Roberto pensaba que eso era mala vida, que era cosa de dos días. Cuando Juanan le explicó que ganaba el doble de lo que Roberto había ganado en la fábrica, en sus mejores tiempos y haciendo horas, se le revolvieron las tripas. Se excusó como pudo y se marchó a casa, con la cabeza turbia, no sabía si por la cerveza o no.</p>
<p>Llegó a casa y oyó ruidos en la habitación. Se asomó con ciudado para descubir a Marta y Alberto en la cama. En condiciones normales Roberto, que era un tío con sangre, se habría puesto hecho una furia. Esta vez se quedó blanco. Su pequeño y patético mundo se le vino abajo. Bajó al garaje, cogió el coche y empezó a conducir sin rumbo. Salió a la carretera. Una curva mal peraltada, una copa de más, y Roberto rodó fuera de la carretera.</p>
<p>La absurda muerte de Roberto no hizo sino reforzar la idea de Marta de que éste era un perdedor. Y posiblemente era cierto. Pero lo que Marta no era capaz de darse cuenta, es que ella era tan perdedora como él.&#8221;</em></p>
<p>—¿Por qué me cuentas esto?— Me dijo Eva con los ojos muy abiertos.<br />
—Porque representa el tipo de vida del que siempre he intentado huir.<br />
—¿Cómo?<br />
—Desde que tengo consciencia de la vida adulta, desde que iba al instituto, tenía claro que no quería terminar casado con la primera que pasara. Que no podía decidir que alguien era <em>&#8220;el amor de mi vida&#8221;</em> habiendo conocido sólo una o dos mujeres antes. Que quería ver y disfrutar y que, sólo entonces, la verdad vendría a mi cabeza como una maceta caída de un balcón, y que sólo así sabría si realmente quiero pasar el resto de mi vida con <em>&#8220;esa persona especial&#8221;</em>, si la hay. Ése es el tipo de vida de la que he estado toda la vida huyendo. Y sin embargo, han pasado los años, y ha resultado que mi vida no ha sido sustancialmente mejor por no haber seguido ese camino, y en algunas cosas ha sido sustancialmente peor. Y me pregunto si vale la pena. Si no valdría más haber tenido una vida simple y anodina como ésa, haber estado de viaje de novios en Nueva York y tener un piso prestado por el banco intentando hacer oídos sordos a los problemas de la vida, disfrutando de las birras y del fútbol con los amigos, y de las compras con la parienta el sábado por la tarde en el Carrefour, y de saber a ciencia cierta lo que va a pasar mañana, sin ninguna preocupación.<br />
—¿En serio es esa la persona que quieres ser?<br />
—Ese es el problema, Eva.<br />
—¿Cuál?<br />
—Que no se quién soy ahora, ni tampoco sé quién quiero ser.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://hablandoconeva.com/2009/09/la-historia-de-roberto-y-marta/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Hablando con Eva, hablando de Eva</title>
		<link>http://hablandoconeva.com/2009/01/hablando-con-eva-hablando-de-eva/</link>
		<comments>http://hablandoconeva.com/2009/01/hablando-con-eva-hablando-de-eva/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 05 Jan 2009 04:16:51 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hablando con Eva]]></category>
		<category><![CDATA[Eva]]></category>
		<category><![CDATA[mujer]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://hablandoconeva.com/?p=305</guid>
		<description><![CDATA[Eva, dicen que la necesidad crea extrañas amistades. Últimamente la necesidad me ha hecho hacerme amigo mio. Necesitaba hablar con alguien, pero no había nadie que me pudiera escuchar. Así que no me ha quedado más solución, bendita necesidad, que &#8230; <a href="http://hablandoconeva.com/2009/01/hablando-con-eva-hablando-de-eva/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Eva, dicen que la necesidad crea extrañas amistades.</p>
<p>Últimamente la necesidad me ha hecho hacerme amigo mio. Necesitaba hablar con alguien, pero no había nadie que me pudiera escuchar. Así que no me ha quedado más solución, bendita necesidad, que hacerme amigo mio y así poder hablarme, poder escucharme, poder pedirme consejo y apoyarme cuando lo necesito.</p>
<p>No es algo nuevo, Eva, he pasado toda mi vida así. Siempre he tenido más necesidad de hablar con los demás que gente dispuesta a escucharme. Y así ha sido que siempre he terminado contándote los problemas a ti, que estabas sentada a mi lado. Y tú me escuchabas y me hacías reflexionar. Y repetíamos las conversaciones una y otra vez hasta que conseguía sacar algo en claro. Pero últimamente no he hablado mucho contigo. Sabes que he estado hablando con otra persona. Necesitaba hablar con ella, necesitaba analizar lo que ha pasado. Necesitaba pedirle explicaciones. Necesitaba entenderlo. Y después de haberle dado mil vueltas, después de haber imaginado todas las charlas posibles con ella, sigo sin entenderlo.<br />
<span id="more-305"></span><br />
Ya se que en realidad eso forma parte del pasado. Y no quiero vivir pensando en el pasado. Pero resulta difícil vivir con un pasado desagradable a cuestas. Especialmente cuando el pasado es una losa que pesa y te aplasta la espalda, te hunde contra el suelo. En este momento, no soy capaz de hacer distinción entre pasado y futuro. Todo es lo mismo para mí. Pero lo intento, una y otra vez. Intento superar mis limitaciones. Irónicamente, parece que soy muy limitado como para poder superarlas. Y así amanece y anochece, una y otra vez, peleando una batalla perdida hace 15 años, una batalla en la que nunca me alisté.</p>
<p>Razones. Razones para estar a las 5 de la madrugada escribiendo esto, sin poder dormir, sabiendo que dentro de tres horas me tengo que levantar para ir a trabajar, a ese trabajo que cada día me vacía un poquito por dentro. Y no quiero irme a dormir, porque cuando lo hago sueño con ella. Y sueño que me habla, y que me dice que no ha pasado nada, que todo ha sido un malentendido, y que ella siempre ha estado ahí. Y no quiero dormir porque después me despierto y me doy cuenta de que no es verdad, que ella nunca estuvo por más que me dijera que sí, y que nunca lo estará. Una mancha de café en una hoja de papel, un soplo de aire cuando abres la ventana, un sueño de una noche de verano. Algo fugaz y efímero que sólo existió en la mente de algún enfermo. Un espejismo. Una ilusión. Y de ilusiones, Eva, no se vive.</p>
<p>Me hierve la cabeza. Pero a veces me da la impresión de que el corazón no me late. ¿Tiene algún sentido esta entrada? ¿Tiene algún sentido algo de lo que te he escrito últimamente? ¿Acaso tiene sentido algo? Nada tiene sentido, y yo necesito encontrárselo. Y lo haré, aunque muera en el intento.</p>
<p>Voy a intentar dormir. Voy a intentar dormir. Y a cruzar los dedos para, cuando despierte, no estar soñando con ella. Ya duele bastante verla estando despierto como para verla también mientras duermo.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://hablandoconeva.com/2009/01/hablando-con-eva-hablando-de-eva/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Eva y la felicidad</title>
		<link>http://hablandoconeva.com/2008/12/eva-y-la-felicidad/</link>
		<comments>http://hablandoconeva.com/2008/12/eva-y-la-felicidad/#comments</comments>
		<pubDate>Fri, 05 Dec 2008 01:35:22 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hablando con Eva]]></category>
		<category><![CDATA[enfermedad]]></category>
		<category><![CDATA[Eva]]></category>
		<category><![CDATA[felicidad]]></category>
		<category><![CDATA[lágrimas en la lluvia]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://hablandoconeva.com/?p=207</guid>
		<description><![CDATA[—Eva, durante mucho tiempo he estado persiguiendo la felicidad. Pero ella, que es rápida y veloz, se me escapa. Soy lo suficientemente inteligente, y he atendido a las suficientes clases de meditación, para saber que la felicidad no es algo &#8230; <a href="http://hablandoconeva.com/2008/12/eva-y-la-felicidad/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>—Eva, durante mucho tiempo he estado persiguiendo la felicidad. Pero ella, que es rápida y veloz, se me escapa. Soy lo suficientemente inteligente, y he atendido a las suficientes clases de meditación, para saber que la felicidad no es algo que se consigue de forma externa, sino que es algo que debe crecer desde el interior, debe surgir de uno mismo, porque es la única forma de conseguir una felicidad auténtica y duradera. Lo otro es un espejismo que dura apenas un momento. En cuanto a inteligencia emocional, en cambio, debo ser retrasado.<br />
—¿Por qué dices eso?<br />
—Porque no consigo generar una felicidad que duré más allá de unos instantes en el mundo virtual de mi cabeza. Los instantes de auténtica felicidad que he tenido han sido cuando en algún momento de tranquilidad, me he puesto a soñar despierto imaginando que había alguien a mi lado. Y durante ese instante me siento feliz. Pero entonces recobro la consciencia de lo que me rodea y esa sensación se desvanece, como lágrimas en la lluvia.<span id="more-207"></span><br />
—¿No eres feliz entonces?<br />
—No, para nada.<br />
Eva hizo una mueca y permaneció callada.<br />
—¿Y tú, Eva? ¿Eres feliz?<br />
—Ehm&#8230; no me he parado a pensarlo. Supongo que sí.<br />
—Si no la has echado en falta, posiblemente es que lo eres. Normalmente uno suele preguntarse acerca de las cosas que echa en falta. En mi caso, es la felicidad. Y también otras cosas, pero de esas no hablamos hoy.<br />
—¿Entonces sólo eres feliz cuando sueñas?<br />
—Bueno, alguna vez sí que he sido feliz. Sólo es que esa felicidad es momentánea, pasajera. Es una felicidad que viene del exterior, que no te nace de dentro. Por eso es efímera, porque en cuanto el factor externo que te la produce desaparece, la felicidad se diluye como una gota de leche en una taza de café.<br />
—¿Y cuando fue la última vez que fuiste feliz?<br />
—Esa es fácil, la recuerdo bien. Fue hace unas 3 semanas. Estaba en la cama enfermo, con un gripazo de narices. Una persona se enteró y vino a verme, a cuidarme, a consolarme. Ni siquiera recuerdo cuando fue la última vez que alguien hizo algo así. Ella vino, me arropó, me abrazó, me achuchó, me hizo cosquillas, me hizo reir y soñar. Durante esas dos horas me sentí especial. Sentí que alguien se preocupaba por mi. Me sentí querido. Durante esas dos horas fui completamente feliz.<br />
—¿Y entonces, que pasó?<br />
—Que unas horas después alguien tiró de la cadena y todo se fue por el retrete. Y ya no se qué pasó ni como fue, sólo se que la felicidad se perdió&#8230;</p>
<p><em>&#8230;como lágrimas en la lluvia</em>.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://hablandoconeva.com/2008/12/eva-y-la-felicidad/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>7</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Discutiendo con Eva</title>
		<link>http://hablandoconeva.com/2008/04/discutiendo-con-eva/</link>
		<comments>http://hablandoconeva.com/2008/04/discutiendo-con-eva/#comments</comments>
		<pubDate>Mon, 31 Mar 2008 23:38:50 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hablando con Eva]]></category>
		<category><![CDATA[cosas importantes]]></category>
		<category><![CDATA[discusión]]></category>
		<category><![CDATA[Eva]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://hablandoconeva.com/?p=19</guid>
		<description><![CDATA[—Qué buen día hace hoy&#8230; —En realidad, Eva, ha estado todo el día nublado. —¿Porqué dices eso? —Porque hoy necesitaba hablar con alguien. He estado así todo el día, con ganas de charlar. Y al final no he hablado con &#8230; <a href="http://hablandoconeva.com/2008/04/discutiendo-con-eva/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>—Qué buen día hace hoy&#8230;<br />
—En realidad, Eva, ha estado todo el día nublado.<br />
—¿Porqué dices eso?<br />
—Porque hoy necesitaba hablar con alguien. He estado así todo el día, con ganas de charlar. Y al final no he hablado con nadie.<br />
—Bueno, estás hablando conmigo ahora.<br />
—Sí, pero tu no cuentas.<br />
—Gracias, por la parte que me toca.<br />
—Mujer, no te lo tomes así. Ya sabes que tú eres para mí&#8230; bueno&#8230;<br />
—Sí, sí, arréglalo.— Eva no pudo esbozar una sonrisa mientras se hacía la enfadada.<br />
—Bueno, a lo que iba. Todo el día queriendo hablar con alguien pero al final me ha faltado tiempo. Y me he quedado con las ganas. No se, lo necesitaba. Quería desahogarme.<br />
<span id="more-19"></span>—¿Que te pasa?<br />
—No es que me pase nada, es que necesitaba hablar y&#8230;<br />
—Vale, vamos a hablar claro. A mi no puedes venirme con esas milongas. Si necesitas hablar con alguien es porque algo te pasa. Y déjate de historias.<br />
—Uh, vale. Es sólo que últimamente&#8230; echo cosas en falta en mi vida. Y tomo la decisión de ir a por ellas, pero me pasa lo mismo, que el ajetreo diario me absorbe y al final del día&#8230; no he hecho nada.<br />
—Es que eres un indeciso de mierda.<br />
—Valeee, no te pases.<br />
—No, joder, las cosas como son. Que nos conocemos lo suficiente como para que sepa de que pie cojeas. Tu problema es que no eres capaz de establecer unas prioridades. A las cosas que consideras importantes deberías dedicarles una parte importante de tu tiempo. No puede ser que, un día tras otro, te dediques a sobrevivir sin hacer nada de lo que realmente te importa.<br />
—Si no es que no quiera, es que al final las cosas se complican y&#8230; Mira, hoy quería hablar con alguien y al final he terminado discutiendo con gente. Justo lo contrario de lo que quería.<br />
—Bueno, yo te he dicho lo que hay. Si decides actuar o no, ya es cosa tuya. A mi no me apetece escuchar la misma historia por enésima vez.<br />
—Eva&#8230;<br />
—Hasta luego.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://hablandoconeva.com/2008/04/discutiendo-con-eva/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>5</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Infelices vocacionales</title>
		<link>http://hablandoconeva.com/2008/02/infelices-vocacionales/</link>
		<comments>http://hablandoconeva.com/2008/02/infelices-vocacionales/#comments</comments>
		<pubDate>Thu, 07 Feb 2008 12:17:06 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hablando con Eva]]></category>
		<category><![CDATA[blog]]></category>
		<category><![CDATA[cerveza]]></category>
		<category><![CDATA[Chapi Escarlata]]></category>
		<category><![CDATA[Eva]]></category>
		<category><![CDATA[felicidad]]></category>
		<category><![CDATA[infelicidad]]></category>
		<category><![CDATA[polvo]]></category>
		<category><![CDATA[problemas]]></category>
		<category><![CDATA[sexo]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://hablandoconeva.com/2008/02/infelices-vocacionales/</guid>
		<description><![CDATA[—Mira Eva, me resulta sorprendente como los seres humanos nos empeñamos en ser infelices. —¿Qué quieres decir? —Me refiero a que en muchas ocasiones sabemos lo que necesitamos para ser felices en ese momento. Pero por una u otra razón, &#8230; <a href="http://hablandoconeva.com/2008/02/infelices-vocacionales/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>—Mira Eva, me resulta sorprendente como los seres humanos nos empeñamos en ser infelices.<br />
—¿Qué quieres decir?<br />
—Me refiero a que en muchas ocasiones sabemos lo que necesitamos para ser felices en ese momento. Pero por una u otra razón, no tenemos el estómago, o las ganas, de hacer lo necesario para conseguirlo y así ser felices, aunque sea por un rato.<br />
—¿En serio crees que hacemos eso?<br />
—Por supuesto. Mira, el otro día, navegando por internet, terminé sin saber como en el blog de <a title="El blog de Chapi Escarlata" href="http://blogs.20minutos.es/chapiescarlata">Chapi Escarlata</a>. Nunca había leído nada de ella, pero el post al que llegué me llamó mucho la atención: <a title="El blog de Chapi Escarlata: Un polvo del diez" href="http://blogs.20minutos.es/chapiescarlata/post/2008/01/15/un-polvo-del-diez">Un polvo del diez</a>. Dice algo así:<br />
<span id="more-11"></span></p>
<blockquote><p>No hace mucho, tomando una cerveza, una amiga se quejaba de estar sola. [...] Decía que muchas veces le dan ganas de hacer una locura. Conocer a alguien por Internet, quedar con él y echarse un polvo del diez, que tanta falta le hace. Pero luego reconocía su incapacidad para lanzarse a ello, siempre con excusas tontas para no hacerlo, sólo hablarlo. [...]<br />
Su hijo de 25 entró en el local con una mujer bastante más mayor que él. Iban tan anchos dándose el piquito sin complejos. [...] No le gustó nada ver a su niño en semejante trance ni que &ldquo;perdiera el tiempo&rdquo; con una mujer mayor. Se le olvidó lo que ella quería dos minutos antes.<br />
¿Que pierde el tiempo? le respondí. Yo creo que lo está ganando y tú deberías empezar en buscarte la vida ¿o ya no quieres un polvo del diez?</p></blockquote>
<p>—Es un ejemplo perfecto de como las personas tenemos deseos y nos empeñamos en hacer lo que esté en nuestra mano para no conseguirlos. O muchas veces, sencillamente, no hacemos nada. No movemos un dedo por conseguir aquello que queremos. Preferimos obviar nuestros problemas, nuestros deseos, y quedarnos sentados delante de una cerveza lamentándonos por nuestra desdicha. ¿Nunca has estado hablado con algún amigo o amiga y, mientras te contaba un problema gravísimo, has pensado que ese problema no era tal, y que con el mismo esfuerzo que está empleando en contártelo lo solucionaba?<br />
—Claro Jose, muchas veces. Pero las personas tenemos diferentes sensibilidades, diferentes experiencias. Lo que para una persona es trivial, para otra puede ser un problema gravísimo.<br />
—Es cierto. Las personas que han sufrido más a lo largo de su vida suelen relativizar más los problemas que aquellas que han vivido toda la vida entre nubes de algodón viendo &ldquo;La cenicienta&rdquo; y &ldquo;High School Musical&ldquo;. La capacidad de adaptación es una de las grandes virtudes de la especie humana. Pero aún así nos empeñamos en encerrarnos, llegando a dedicar mucho esfuerzo y recursos en no adaptarnos al medio, en quedarnos como estamos, aunque reconozcamos que estamos mal.<br />
—Puede ser. ¿Pero cómo es que te ha dado por este tema tan fuerte?<br />
—Sencillamente, Eva, porque me he dado cuenta de que es lo que llevo haciendo toda mi vida.<br />
Eva no supo que contestar, o prefirió no hacerlo. Yo tampoco dije nada más, sólo me atreví a apurar lo que quedaba de mi cerveza y murmurar una excusa para poder marcharme a casa con mi mal humor. Y es que, a veces, jode mucho tener razón.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://hablandoconeva.com/2008/02/infelices-vocacionales/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>7</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>Yo creía que&#8230;</title>
		<link>http://hablandoconeva.com/2007/11/yo-creia-que/</link>
		<comments>http://hablandoconeva.com/2007/11/yo-creia-que/#comments</comments>
		<pubDate>Sat, 24 Nov 2007 13:47:36 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hablando con Eva]]></category>
		<category><![CDATA[cena]]></category>
		<category><![CDATA[Eva]]></category>
		<category><![CDATA[mujer]]></category>
		<category><![CDATA[pareja]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://hablandoconeva.com/2007/11/yo-creia-que/</guid>
		<description><![CDATA[Hacía tiempo que no mantenía una conversación seria con Eva. Todo el verano había sido intenso para los dos, por diferentes motivos. —Eva, hace tiempo que no nos ponemos serios. —¿Por qué lo dices? —Hay temas con los que es &#8230; <a href="http://hablandoconeva.com/2007/11/yo-creia-que/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hacía tiempo que no mantenía una conversación seria con Eva. Todo el verano había sido intenso para los dos, por diferentes motivos.<br />
—Eva, hace tiempo que no nos ponemos serios.<br />
—¿Por qué lo dices?<br />
—Hay temas con los que es facil, incluso conveniente, bromear. Hay veces, sin embargo, que por la importancia de un tema parece que tengas que ponerte serio.<br />
<span id="more-1065"></span>—Vaya&#8230; ¿de qué quieres que hablemos, entonces?<br />
—La verdad es que no estoy de muy buen humor.<br />
—Se te nota. ¿Que te pasa?<br />
—Tengo uno de esos días en que todo me repatea el estomago. Ya sabes, en que no te sientes bien, todo te molesta, te incomoda, te sientes fuera de sitio en cualquier lugar y lo único que te apetece es irte a dormir y levantarte mañana con otro humor.<br />
—¿Desde cuando estás así?<br />
—Anoche, tuvimos la cena de navidad de la empresa.<br />
—Anda, ¿y que tal estuvo?<br />
—Bien, bien. La cena en sí no es el problema. Me lo pasé bastante bien. ¿Recuerdas el día que hablamos de purgar a los amigos?<br />
—Si, ¿que pasa?<br />
—He estado toda la semana acordándome de gente que tendría que haber purgado a estas alturas y que todavía no he hecho. Lo peor es que me han venido a la mente otras muchas cosas que tendría que haber purgado de mi vida, y tampoco lo he hecho.<br />
—¿Por eso estás de mal humor?<br />
—Así es. Uno pasa los días intentando mejorar, intentando cambiar las cosas de uno mismo y de su entorno que cree que no encajan. Pero a veces tomas algo de perspectiva sobre el asunto y de das cuenta de que, lo que creías haber cambiado, sigue ahí.<br />
—¿Perspectiva?<br />
—Sí, por ejemplo, con lo que esperas de la persona. Mira, tu eres demasiado joven para comprenderlo pero uno piensa en una relación con otra persona, tiene una idea acerca de lo que debería ser o de que requisitos debería cumplir, idealmente. Luego la realidad se encarga de poner a uno en su sitio, pero no por ello tienes que renunciar a tus aspiraciones, a tus deseos. Sabiendo, por supuesto, que esa relación ideal es imposible de conseguir, sólo podemos intentar aproximarnos.<br />
—No veo muy bien por donde vas.<br />
—Bueno&#8230; hace poco conocí a una mujer. Desde el primer momento hubo muy buen rollo, y tras el paso de los días me dí cuenta de que tenemos caracteres terriblemente similares. Así de coña podría decir que sería como yo mismo, si fuera una mujer. Nunca pensé que pudiera ser posible encontrar una persona con tanta afinidad. Me hizo sentir muy bien. A gusto. Recordé mis aspiraciones, y pensé que ese es el tipo de persona con la que quiero estar. El tipo de persona con la que te sientes a gusto, sin reservas, y con la que percibes que seria muy difícil llevarte mal, por más que lo intentaras.<br />
—Bueno, ¿y que pasó con ella?<br />
—Nada, después de unos días se marchó y no la he vuelto a ver. La cosa se quedó estancada, quizás porque ella tiene pareja. O quizás es que se me escapa algo más. El caso es que yo veía algo ahí. O quería verlo.<br />
—Bueno, ¿y qué tiene que ver la cena de empresa con eso? ¿Estaba ella en la cena?<br />
—No no, ella no es de la empresa, no estaba en la cena. Sencillamente el asistir a la cena fue lo que me ayudó a tomar perspectiva sobre las cosas. Cosas que han pasado. Cosas que no han pasado. Cosas que no pasarán.<br />
—Cuando te pones tan metafísico se me hace difícil seguirte.<br />
—Lo sé, lo sé. Es que no tengo las ideas muy claras hoy. Mejor seguimos otro día, cuando haya reflexionado un poco sobre todo ello.<br />
—No te calientes mucho la cabeza. No sirve de nada.<br />
—No te creas. En ocasiones, sirve de mucho. Lo importante es no quedarse en la superficie y llegar al fondo de la cuestión. Eso sí, darle vueltas porque sí, es bastante inutil.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://hablandoconeva.com/2007/11/yo-creia-que/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>1</slash:comments>
		</item>
		<item>
		<title>¿Amistad?</title>
		<link>http://hablandoconeva.com/2007/05/amistad/</link>
		<comments>http://hablandoconeva.com/2007/05/amistad/#comments</comments>
		<pubDate>Wed, 16 May 2007 17:12:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>José Luis</dc:creator>
				<category><![CDATA[Hablando con Eva]]></category>
		<category><![CDATA[amistad]]></category>
		<category><![CDATA[egoísmo]]></category>
		<category><![CDATA[Eva]]></category>

		<guid isPermaLink="false">http://hablandoconeva.com/?p=4</guid>
		<description><![CDATA[Hace unos días charlaba con un viejo amigo y, en un momento de la conversación, surgió el tema de la amistad. ¿Qué es lo que hace que dos personas sean amigas? ¿Qué motivos te llevan a compartir parte de tu &#8230; <a href="http://hablandoconeva.com/2007/05/amistad/">Continue reading <span class="meta-nav">&#8594;</span></a>]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hace unos días charlaba con un viejo amigo y, en un momento de la conversación, surgió el tema de la amistad. ¿Qué es lo que hace que dos personas sean amigas? ¿Qué motivos te llevan a compartir parte de tu generalmente escaso tiempo libre con alguien? Mi amigo defendió que si la amistad de cierta persona no aporta nada a tu vida, lo mejor es dejarla de lado.<br />
Yo añadiría que una amistad tiene que ser algo que te enriquezca, que te ayude a crecer como persona. La vida se consume como el pábulo de una vela, escapándose de nuestras manos como unos cuantos granos de arena en un puño cerrado. Después de trabajar, descansar y alimentarnos, es nuestro deber moral (si tenemos el más mínimo interés en perseguir la felicidad) dedicar el escaso tiempo que nos resta a las personas que más nos satisfagan, en cualquier acepción posible de la palabra.<br />
—Pero eso es muy cruel —replicó Eva, visiblemente molesta—. Implica que si alguien no te es útil en un momento dado, te deshaces de él. ¿Esa es la idea que tienes de los amigos, utilizarlos y cuando ya no te sirven, dejarlos tirados?<span id="more-4"></span><br />
—Así como lo cuentas, es cierto que suena muy cruel. Pero piensa que haces lo mismo con todas las demás cosas de tu vida. Cuando una relación de pareja no te satisface (sea lo que sea que necesites de una pareja para estar satisfecha), no sigues manteniendo esa relación. Por más apego que le tengas, decides terminar. Bueno, para ser justos la mayoría de la gente no lo hace cuando debería, sino mucho más tarde, pero estaremos de acuerdo en que eso es algo a evitar.<br />
—Desde luego. Para estar a malas, mejor no estar.<br />
—Piensa que lo mismo haces con tu banco, con tu piso, con tu coche, con tu profesor de yoga, con cualquier otra cosa de tu vida. En el momento en que te dejan de servir, te deshaces de ellos y buscas otra cosa. Y, al fin y al cabo, ¿de que sirve tener un amigo como quien tiene un tabique en una habitación?<br />
—Esto que me estás contando implica una visión muy materialista de la vida. Nada vale la pena. Todo es de usar y tirar.<br />
La dulce voz de Eva trajo su obvia pero acertada conclusión hacia mí. Sin duda, mi conciencia debía de tener el número de telefono de Eva. Y hacía uso de el. A menudo.<br />
—No creo ser materialista, en el sentido de que me importan poco las cosas, los objetos y posesiones. Sin embargo, es cierto que soy una persona eminentemente práctica. Cómo te exponía antes, tengo demasiado poco tiempo libre como para perderlo con gente que no me interesa.<br />
—¿Y qué es lo que hace que una persona no te interese?<br />
—El principal, que sean egoistas. No en el sentido material de la palabra, sino en el intelectual, más bien. Que sus alegrías sean más importantes que las de los demás, que sus problemas sean peores que los de los demás, que sus vidas sean más interesantes que las de los demás. Que siempre estén dispuestos a hablar de sus miserias, pero nunca tengan tiempo para escuchar las tuyas. Que siempre esten dispuestos a pedir ayuda y nunca a darla. Que siempre haya que hacer las cosas cómo y cuando quieren, y nunca cuando tu lo quieres&#8230; ¿En fin, es necesario que siga?<br />
—No, no. Ya veo por donde vas.<br />
Eva quedó pensativa durante unos segundos, reflexionando acerca de este nuevo conocimiento que acababa de recibir. Daba la impresión de que no sabía muy bien que hacer con él. Supongo que tras unos cuantos segundos de darle vueltas lo añadió a su lista de <em>pensamientos incómodos en los que es mejor no caer</em>. Después continuó: —¿Y por qué has decidido contarme todo esto?<br />
Touché. A pesar de que a veces parecía muy inocente, Eva siempre era capaz de ver más allá de mis aparentes razones. Reflexioné, sin saber muy bien que contestar.<br />
—Supongo que me he dado cuenta estos últimos días de que tengo algunos amigos que <em>purgar</em>.<br />
—Espero que no se lo tomen a mal.<br />
—Si lo único que voy a sacar de ellos es mala sangre, más motivo para hacer purga.<br />
—Eso seguro.<br />
Me despedí de Eva con la sensación de que no era la primera vez que hablaba con ella de esto. Seguramente tampoco sería la última. —En cualquier caso, —pensé— después de haber hablado con ella seguro que esta noche dormiré mucho más a gusto.</p>
]]></content:encoded>
			<wfw:commentRss>http://hablandoconeva.com/2007/05/amistad/feed/</wfw:commentRss>
		<slash:comments>7</slash:comments>
		</item>
	</channel>
</rss>

