Vodafone, los comerciales, las tiendas y su p*** madre

La historia es la siguiente: hombre, de mediana edad, responsable de una empresa, decide instalar ADSL de Vodafone en la misma y hacer portabilidad de las cuatro líneas de fijo/móvil que tiene. Quien sea que le ofrece el servicio le vende la moto muy bien y le cuela el pack completo sin tener en cuenta las incompatibilidades del servicio como, por ejemplo, que los servicios de fax, teleasistencia, TV de pago, etc. no funcionan porque la telefonía “fija” de Vodafone va a través de líneas móviles GSM (es decir, que no es fija).

Al cliente le instalan toda la pesca y descubre que el fax no funciona. Decide presentarse en la tienda Vodafone Enterneti del centro comercial La Pimentera. Dependienta informa que el fax sí que funciona perfectamente, sólo que para ello necesita un dispositivo PTR (o PCL o PLC, el cliente no lo tenía muy claro). Que ellas no disponen de él, pero que se persone en Mitg Merkat que allí tienen de todo.

Y en esas estamos que el cliente se persona delante de mí un miércoles a las 11:20 de la mañana.
—Oye, perdona, ¿dónde tenéis los PLC?

Tras mi cara de resignación, me pongo a preguntarle intentando averiguar que es lo que quiere exactamente, para mandarle a informática, al piso de abajo, al Tedoy Perlin o al Fue Verde, según el producto por el que pregunte. Y no, no tenemos fundas para los asientos del coche en Mitg Merkat por mucho que me digas que tu cuñado se las compró aquí.
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El final del verano

Abro los ojos lentamente. Una luz tenue entra por el hueco de un palmo aproximadamente que hay entre la persiana y el borde de la ventana. Una luz gris, apagada, monótona. Termino de abrir los ojos observando la ventana con detenimiento y me doy cuenta de que está aquí, ya ha llegado.

Dum du-ru-du-dum du-ru-du-dum…

Levanto la mirada hacia la mesita y veo el despertador. Son las 9:15, lo cual confirma mis sospechas: no es habitual que haya tan poca luz a estas horas. Y además… ¡Mierda! ¡Llego tarde a trabajar!

Dum du-ru-du-dum du-ru-du-dum…

Me ducho en un minuto, aparte de por las prisas, porque la caldera está estropeada y sólo da un minuto de agua caliente. Parece que la hija de puta se ha apuntado a la moda de la ecología y quiere que ahorremos agua. No puedo evitar espetarle a la caldera un Agua (caliente) para todos.

Dum du-ru-du-dum du-ru-du-dum… El…
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El gafapastismo ilustrado

Entro en el recinto ligeramente ofuscado, abrumado por esa multitud de gente diversa que me rodea en la cola. Pero la observación detenida permite trazar un perfil más preciso del visitante de aquel lugar. Ellas, con el uniforme oficial: pantalones cagaos y camiseta de tirantes. Ellos, ligeramente más formales en el vestir, pero acompañados de su bici. Porque el gafapastismo no sólo es una ideología, es una forma de entender la vida, y el gafapastismo y la ecología van cogidos de la mano. A mi no deja de sorprenderme que un gafapasta, un fan de la cultura, del diseño, del arte… que normalmente es caro y sobrevalorado, abogue por algo tan mundano y poco glamuroso como el transporte público o la bicicleta. El concepto de un marchante de arte, que no es más que un gafapasta profesional, entrando a su galería de arte con una bicicleta me chirría ligeramente.

Otra cosa que me chirría es la cultura de los fans de la cultura. Cuando en el momento en que el protagonista del filme va a soltar una gracia, toda la sala ya se está riendo: han leído el chiste en los subtítulos. Que pienso yo que tendría sentido si fuera una película iraní, tradicionalmente gafapástica, pero siendo la película en inglés, que nadie en toda la sala aparente saber de la lengua de Shakespeare dice mucho de estos gafapásticos fans de la cultura.

Siempre que me encuentro con esta gente me pregunto hasta que punto realmente les interesa lo que ven o es que lo hacen sólo por aparentar, como el jefecillo que se compra un coche más grande, la ama de casa cincuentona un jarrón más grande, el inmigrante del este que se compra un móvil más grande… Pero, gafapastas del mundo, ¿realmente os interesa lo que escribió o dejó de escribir Bukowski? ¿Sois capaces de manteneros despiertos lo que dura una película de Lars Von Trier? ¿No os aburre escuchar el canto melancólico de ese imbécil músico desgraciado al que dejó su novia por ser un triste y un amargado, y no sólo no ha conseguido superarlo sino que ademas os cuenta sus miserias con unas letras depresivas e inductoras de suicidio, dignas de Maná?

No se como lo hacen, en serio. Reconozco que entiendo tanto de su filosofía como de las normativas comerciales del año 1970 en Senegal. Así que al final me vuelvo a Castellón en mi coche, que en bici me pilla un poco lejos. Y me alegro, por una vez en la vida, de vivir en Castellón, puesto que aquí el gafapastismo no está tan desarrollado. Y con la sensación de que yo no podría ser un gafapasta por mucho que lo intentara.

Un pequeño pedaleo para un hombre, un gran pedaleo para… erh…

Hoy me he ido en bici.

¿Que tiene eso de especial? Nada.

O a lo mejor, sí. Hacía alrededor de un año que no cogía la bici. La semana pasada ya hice varios intentos de cogerla: le hinché las ruedas, le pegué un repasillo… Da gusto como la dejaron en el taller. Desempolvé el cuentakilometros, lo puse en la bici y vi que no funcionaba. Una patada al sensor después, volvía a marcar la velocidad alegremente. Pero no me decidía a salir a la calle con ella.

Hoy lo he hecho. Estuve a punto de hacerlo ayer, pero estaba rendido y al llegar del trabajo me quedé dormido sobre la cama. Sí, a las 6 de la tarde. Qué pasa. Caí sobre la cama de látex y me dormí. Pero hoy he llegado todo espitoso. Estaba atrapado en mí mismo, necesitaba salir. Durante un instante el cansancio me ha superado y me he sentado frente al ordenador. Pero las ganas me han podido y al final me he cambiado y he salido. Con las prisas se me han olvidado los guantes, estar más de una hora apoyado sobre el manillar es muy incómodo.

He salido con la idea de pasear un poco, sin saber realmente cuanto aguantaría mi cuerpo después de tanto tiempo sin moverme por ahí. El día era ideal, no hacía ni pizca de viento, y el sol de mayo, a las 6 de la tarde, calentaba pero sin molestar. Después de un poco de calentamiento hasta la gasolinera (ya sabéis, nunca hay que hacer un viaje largo sin comprobar la presión de los neumáticos) he iniciado el viaje. Segundo plato y sexto piñón. Velocidad sostenida entre 20 y 21 Km/h. Como en los viejos tiempos. Esto marcha.

He seguido hasta el Grao, después hasta el Camí la Ratlla y, al ver que seguía fresco, hasta el Eurosol. Normalmente mis rutas ciclistas terminaban allí, donde terminaba el carril bici. Unos 11 kilometros y medio de paseo. Luego 10 minutitos de descanso, y vuelta para casa. Pero no tenia ganas de pararme. Necesitaba más, así que he seguido por el carril bici hacia el Torreón, carril que no existía todavía la última que cogí la bici. He decidido tomármelo con calma. Ha sido a la altura del Eurosol donde he empezado a sudar, así que he continuado a marcha de paseo. He parado un minuto en el mirador que hay a continuación, con la intención de dar la vuelta allí. No quería forzar demasiado la máquina el primer día y cansarme tanto que se me quitaran las ganas de volver. Pero el cuerpo me pedía más, así que he llegado hasta el Torreón del tirón. 14 Km en total. Me he sentado cinco minutos en la barandilla del paseo marítimo mirando a los que pasaban. Gente tomando el sol en la arena. Niños jugando. Perros olisqueando por el césped. Me he sentido con ganas de volver.

El camino de vuelta ha sido tranquilo. Cuando he llegado al final/principio del Pinar (según de donde se mire) y he continuado por el carril bici en pésimo estado y lleno de baches hacia el Grao me he empezado a cansar. Y a cabrear. He girado por la Avenida del Mar, ese trozo siempre se me hace el más pesado porque tiene una ligera pendiente a medida que te alejas del mar, y es justo el último tramo del recorrido. He subido intentando dosificar las fuerzas, pero a mitad de camino me he puesto a pensar en ti, en tus ojos, y en el momento en que te has despedido de mí esta mañana. Y en piloto automático he llegado a mi casa, sin ápice de cansancio y feliz como unas pascuas sólo por imaginarte a ti. Una ducha bien merecida, una visita a Mercadona a comprar algo de cena, un refresco fresquito completan un día redondo.

Al final del viaje, 28 Km, 94 minutos, ligeramente sobre los 18 Km/h de media, aunque la mayor parte del tiempo he mantenido la velocidad constante entre 20 y 21 Km/h. En los viejos tiempos solía hacer sólo 23 Km. Va a ser verdad que estoy mejor con 32 que con 30.

Para el lector ocasional, lo de hoy sólo ha sido un paseo en bici. Para los que me conocen bien, saben que ha sido el inicio de algo mucho más importante.

Hay días en que odio levantarme

“El rector de la Universitat Jaume I, Francisco Toledo, i el seu Consell de Direcció expressen el condol de la comunitat universitària per la mort de la professora Maria Gloria Martínez Vidal del Departament d’Enginyeria i Ciències dels Computadors, les despulles mortals de la qual estan sent traslladades a Galícia per voluntat de la família.”

Ahora es cuando viene el rollo ese de “Siempre se van los mejores”, “No se lo merecía”, “Era buena __(escriba aquí su profesión)__ y mejor persona”, y todas esas mierdas que se dicen cuando muere alguien, aunque ese alguien fuese un hijo de la grandísima puta. La tragedia es que, lamentablemente, en este caso todas esas frases son ciertas, y se marcha una de las personas más bellas que he conocido jamás.

Hasta siempre, Servidora.

Sigo sacando la basura y me encuentro con…

Hoy he estado limpiando esa leonera que tengo por habitación, recogiendo esa basura que llevo tiempo intentando sacar pero que, por falta de ganas y sobretodo de fuerzas, sigo dejando que coexista en el mismo espacio vital que yo. He levantado unos cuantos trastos, y allí debajo, sobre el banco de abdominales que hace de estantería improvisada, he encontrado dos objetos de mi pasado reciente. Dos objetos manchados de sangre. Cuando los he visto un montón de recuerdos han venido a mi mente. Podrían haber sido por igual agradables o desagradables, pero quizás por el humor del que me encontraba en ese momento, me han resultado más bien desagradables.

Me he quedado mirando los objetos, uno en cada mano, dudando que hacer con ellos. Los he metido dentro de una bolsa de Pryca Carrefour y mientras ataba el nudo todavía dudaba si los iba a guardar o a tirar a la basura. Al final Diógenes ha podido conmigo y los he tirado dentro del armario, en el rincón, encima de un montón de trastos que también tendría que haber tirado hace tiempo.

Dentro de ocho meses los tendré que sacar del armario. Veremos entonces si los recuerdos que me traen son agradables o desagradables. Y si entonces soy capaz de tirarlos a la basura.

Buscando una forma de expresar como me siento

Sigo buscando canciones que me ayuden a expresar como me siento.

Pulsa para ver la letra completa de Simply Red — Sunrise. Continue reading