Cine: Children of men, Powder Blue

Antes iba mucho al cine. Todos los martes solía ir con una pareja de amigos míos a un multicine, en el que siempre solía haber una película que valía la pena ver. Los martes, con el carnet de la universidad, el cine nos costaba lo mismo que el día del espectador, pero podíamos sentarnos donde quisiéramos porque estaba vacío. Luego la calidad de las películas empezó a empeorar, su relación también, y así fue que dejé de ir al cine. Internet terminó de ponerle la guinda al pavo. Después, a raíz de mis numerosos problemas mentales, comencé a sufrir déficit de atención y, como resultado, soy incapaz de ver una película del tirón. De hecho, me cuesta horrores ver un capítulo de un serie del tirón, y eso que sólo duran 45 minutos. El ver una película de 90 a 105 minutos entera el mismo día se me antoja completamente imposible.

Pues ayer lo hice.

Me acosté en la cama dispuesto a empezar a ver una película, ya que mi disco duro no da más de sí, y navegué con el mando (bendito MythTV) por la lista de películas. Había pocas que me llamaran la atención, y de las que lo hacían, no tenía los subtítulos descargados. Al final seleccioné una, no recuerdo muy bien porqué. Y me dispuse a verla.
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Vodafone, los comerciales, las tiendas y su p*** madre

La historia es la siguiente: hombre, de mediana edad, responsable de una empresa, decide instalar ADSL de Vodafone en la misma y hacer portabilidad de las cuatro líneas de fijo/móvil que tiene. Quien sea que le ofrece el servicio le vende la moto muy bien y le cuela el pack completo sin tener en cuenta las incompatibilidades del servicio como, por ejemplo, que los servicios de fax, teleasistencia, TV de pago, etc. no funcionan porque la telefonía “fija” de Vodafone va a través de líneas móviles GSM (es decir, que no es fija).

Al cliente le instalan toda la pesca y descubre que el fax no funciona. Decide presentarse en la tienda Vodafone Enterneti del centro comercial La Pimentera. Dependienta informa que el fax sí que funciona perfectamente, sólo que para ello necesita un dispositivo PTR (o PCL o PLC, el cliente no lo tenía muy claro). Que ellas no disponen de él, pero que se persone en Mitg Merkat que allí tienen de todo.

Y en esas estamos que el cliente se persona delante de mí un miércoles a las 11:20 de la mañana.
—Oye, perdona, ¿dónde tenéis los PLC?

Tras mi cara de resignación, me pongo a preguntarle intentando averiguar que es lo que quiere exactamente, para mandarle a informática, al piso de abajo, al Tedoy Perlin o al Fue Verde, según el producto por el que pregunte. Y no, no tenemos fundas para los asientos del coche en Mitg Merkat por mucho que me digas que tu cuñado se las compró aquí.
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¿Recuerdas esta canción? Vol. 4

Inglaterra, 1968. Los años 60 llegaban a su fin, la Beatlemania comenzaba a apagarse, y otros estilos musicales comenzaban a abrirse paso hacia el mainstream. Robert Fripp, guitarrista, decide formar un grupo junto con el baterista Michael Gilles, después de haber grabado algunos temas junto con el hermano de Gilles, con el nombre de The Cheerful Insanity of Giles, Giles and Fripp.

El grupo de Fripp y Gilles se llamó King Crimson y lanzó al poco su primer álbum, titulado In the Court of the Crimson King. Este álbum, que fue recibido con críticas enfrentadas, es uno de los precursores del rock progresivo. A él pertenece el tema que presento hoy, que además de ser el último del álbum lleva el nombre del álbum, The Court of the Crimson King.

The Court of the Crimson King es un tema esencial del rock progresivo, complejo, algo ecléctico, con una importante carga vocal que eleva la potencia del tema, el cual induce una atmósfera difusa, borrosa, que recuerda inevitablemente a las drogas y a los excesos de la época.

King Crimson tiene el dudoso honor de ser uno de los grupos más irregulares de la historia, con épocas de desaparición y reformación con hasta veinte miembros diferentes, de los cuales el propio Fripp ha sido el único en mantenerse siempre. La carrera de Fripp ha sido diversa, desde participar en el G3 con Steve Vai, hasta colaborar con Microsoft en el desarrollo de Vista. Aun así, tiene el honor de ser, él, y King Crimson, referentes en el género del progresivo.

El tema se merece una escucha tranquila, así que disfrutadlo y saboreadlo. De verdad que vale la pena.

Una de las pocas grabaciones de una versión en directo del tema.

El final del verano

Abro los ojos lentamente. Una luz tenue entra por el hueco de un palmo aproximadamente que hay entre la persiana y el borde de la ventana. Una luz gris, apagada, monótona. Termino de abrir los ojos observando la ventana con detenimiento y me doy cuenta de que está aquí, ya ha llegado.

Dum du-ru-du-dum du-ru-du-dum…

Levanto la mirada hacia la mesita y veo el despertador. Son las 9:15, lo cual confirma mis sospechas: no es habitual que haya tan poca luz a estas horas. Y además… ¡Mierda! ¡Llego tarde a trabajar!

Dum du-ru-du-dum du-ru-du-dum…

Me ducho en un minuto, aparte de por las prisas, porque la caldera está estropeada y sólo da un minuto de agua caliente. Parece que la hija de puta se ha apuntado a la moda de la ecología y quiere que ahorremos agua. No puedo evitar espetarle a la caldera un Agua (caliente) para todos.

Dum du-ru-du-dum du-ru-du-dum… El…
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El gafapastismo ilustrado

Entro en el recinto ligeramente ofuscado, abrumado por esa multitud de gente diversa que me rodea en la cola. Pero la observación detenida permite trazar un perfil más preciso del visitante de aquel lugar. Ellas, con el uniforme oficial: pantalones cagaos y camiseta de tirantes. Ellos, ligeramente más formales en el vestir, pero acompañados de su bici. Porque el gafapastismo no sólo es una ideología, es una forma de entender la vida, y el gafapastismo y la ecología van cogidos de la mano. A mi no deja de sorprenderme que un gafapasta, un fan de la cultura, del diseño, del arte… que normalmente es caro y sobrevalorado, abogue por algo tan mundano y poco glamuroso como el transporte público o la bicicleta. El concepto de un marchante de arte, que no es más que un gafapasta profesional, entrando a su galería de arte con una bicicleta me chirría ligeramente.

Otra cosa que me chirría es la cultura de los fans de la cultura. Cuando en el momento en que el protagonista del filme va a soltar una gracia, toda la sala ya se está riendo: han leído el chiste en los subtítulos. Que pienso yo que tendría sentido si fuera una película iraní, tradicionalmente gafapástica, pero siendo la película en inglés, que nadie en toda la sala aparente saber de la lengua de Shakespeare dice mucho de estos gafapásticos fans de la cultura.

Siempre que me encuentro con esta gente me pregunto hasta que punto realmente les interesa lo que ven o es que lo hacen sólo por aparentar, como el jefecillo que se compra un coche más grande, la ama de casa cincuentona un jarrón más grande, el inmigrante del este que se compra un móvil más grande… Pero, gafapastas del mundo, ¿realmente os interesa lo que escribió o dejó de escribir Bukowski? ¿Sois capaces de manteneros despiertos lo que dura una película de Lars Von Trier? ¿No os aburre escuchar el canto melancólico de ese imbécil músico desgraciado al que dejó su novia por ser un triste y un amargado, y no sólo no ha conseguido superarlo sino que ademas os cuenta sus miserias con unas letras depresivas e inductoras de suicidio, dignas de Maná?

No se como lo hacen, en serio. Reconozco que entiendo tanto de su filosofía como de las normativas comerciales del año 1970 en Senegal. Así que al final me vuelvo a Castellón en mi coche, que en bici me pilla un poco lejos. Y me alegro, por una vez en la vida, de vivir en Castellón, puesto que aquí el gafapastismo no está tan desarrollado. Y con la sensación de que yo no podría ser un gafapasta por mucho que lo intentara.

¿Recuerdas esta canción? Vol. 3

Dos cosas que he aprendido este fin de semana son que no es bueno mezclar las cervezas con las declaraciones de amor, y que no es bueno juntar a la familia con los negocios, y si no que se lo digan a los hermanos Gallager que después de su enésima disputa anuncian que Oasis se separa. Así que, aprovechando la coyuntura de la noticia musical de la semana, cambio de planes y vamos a darle el huequecito de esta semana a una de las bandas más populares e irregulares de los últimos 20 años.

La separación de Oasis, aparentemente definitiva como todas las anteriores, ha devuelto al grupo a la luz pública de la que parecía estar algo alejado en los últimos tiempos. Atrás quedan las absurdas disputas entre Blur, que representaba a los niños bien de la clase media del sur, y Oasis, que se identificaba con las clases trabajadoras de los suburbios y ciudades industriales del norte. También quedan atrás los reconocidos excesos con las drogas, los discos sublimes que se alternaban con otros, cuanto menos, mediocres, y tantas otras cosas que han marcado la irregular carrera de grupo británico.

Oasis fue, no uno de los creadores, pero si uno de los culpables de la explosión del Britpop alrededor del año 95. En plena efervescencia del movimiento lanzaron, en 1994, su primer álbum, Definitely Maybe. El álbum llegó a número uno, vendió 700.000 copias en pocas semanas y aún hoy en día es considerado uno de los mejores álbumes de la historia. Al año siguiente, y ya situados a la cabeza del Britpop, lanzan su segundo álbum, (What’s the Story) Morning Glory?
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Las autoestopistas

Era la última semana de junio. Compañeros de trabajo, algunos amigos, un restaurante chino, una cena, charlas, bebida, risas. La noche pintaba bien, pero no demasiado. La vida aprieta y a las dos de la noche todo el mundo había desaparecido. Me senté en el coche junto a la puerta del chino y reflexione por un segundo. No sabía que hacer, pero lo que sí sabía es que no quería volver a casa. No a las dos de la madrugada de una espléndida noche de junio. En ese momento eché de menos que no estuvieras en el asiento del acompañante, a ti seguro que se te habría ocurrido algo.

Arranqué y me puse en marcha en dirección a Benicassim. A pesar del paso de los años y de la decadencia que las normativas municipales habían producido en la vida nocturna de la población, Benicassim seguía teniendo algo especial. Todavía quedaba un regusto a las noches de la sala Bohio de los 70, con la Jet-Set viendo a Julio Iglesias actuar; a las noches de juerga en K’Sim en los 80, con el olor de los árboles que le rodean; a esas cenas de sobaquillo con botellón incluido en el Torreón; a las fiestas de la espuma de finales de los 90; a los fines de semana abarrotados de FIBers en la última década. Seguía sin saber que hacer, pero para mí la juerga más cercana estaba allí.

Mientras me dirigía a Benicassim, Roger Daltrey berreaba por los altavoces del coche.

Pick up my guitar and play
Just like yesterday
Then I’ll get on my knees and pray
We don’t get fooled again

El Hammond hacía piruetas arriba y abajo mientras entraba en la población. La verdad es que no recordaba ni cuando era la última vez que salí de marcha por allí. La ciudad estaba medio desierta. Algunas parejas caminaban por la calle. Los locales de siempre parecían haber desaparecido. Escasos grupos de personas ocupaban algunas de las mesas de las innumerables terrazas que ocupaban parte de la acera. Cuando estaba llegando al final del pueblo, dispuesto a volver a casa con el rabo entre las piernas, las vi. Eran tres chicas, jóvenes, vestidas para matar. Estaban en medio de la calle hablando, bailando, dando vueltas. Tres ángeles como caídos del cielo. Reduje la velocidad, entre otras cosas, porque no tenía intención de atropellarlas. Cuando me vieron llegar se apartaron al carril contrario y una de ellas se puso a hacer la universal señal del autoestopista mientras las otras dos se miraban y se reían a carcajadas. La autoestopista tenía el pelo moreno, ondulado y una carita preciosa de no más de 20 años. Vestía una blusa blanca con mucho vuelo y un pantaloncito corto. Al ver que reducía la velocidad casi por completo se acercó con decisión a la ventanilla.
—¡Eh! ¿Nos llevas?
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¿Recuerdas esta canción? Vol. 2

A estas alturas de siglo XXI todo el mundo conoce al duo zaragozano Amaral. Desde la publicación de su primer álbum en el 98 han ido escalando puestos en las listas de ventas y llenando cada vez más horas en la radio, de forma lenta pero inexorable. Sin embargo, la canción que hoy quiero presentar no es, ni mucho menos, de las más conocidas. Nos situamos históricamente en el año 2000. Amaral publica su segundo álbum, Una pequeña parte del mundo, el cual obtiene un moderado éxito gracias a temas como Cabecita loca, Subamos al cielo y, sobretodo, Cómo hablar.

Mientras tanto, en la televisión nacional, uno de los hits de los últimos años, la serie Compañeros llega a su fin y los responsables deciden concluir la historia de Kimi y Valle a lo grande, realizando una película con ellos. Dicha película, No te fallaré, traslada unos años en el futuro a los antes adolescentes personajes de la serie, y como toda máquina audiovisual de generar dinero, la película necesita una banda sonora con un tema que enganche al público potencial. El pop fresco y tranquilo pero trascendente un grupo en ascenso como era Amaral resulta ideal para ello y así Al final se convierte en el tema principal de la banda sonora de la película.

Al final es un tema muy amaraliense en todos los aspectos, tanto en la música, como en la letra que tiene ese puntillo naif pero comprometido que Amaral suele utilizar en sus canciones. El tema pasó sin demasiada pena ni gloria por los medios, principalmente debido a que la película tampoco fue un enorme éxito que digamos. Sin embargo, por sus coros pegadizos y su letra positiva merece pegarle una escuchada o dos.

¿Salvem la Magdalena?

Soy castellonero hasta la médula.

Bah, es mentira. Nací en Castellón como podría haber nacido en Cuenca, en Sebastopol o en Vladivostok. No me siento especialmente orgulloso de haber nacido aquí, porque todavía no he encontrado algo que me haga sentirme orgulloso. Sí que he encontrado cosas para no sentirme orgulloso de haber nacido, pero eso casi mejor lo discutimos otro día. Tampoco es que me avergüence de ser de Castellón. Es sencillamente que no elegí nacer aquí, ni Castellón me eligió a mi. En todo caso se podría discutir si lo eligieron mis padres. Así que básicamente soy apátrida, en el aspecto del orgullo del terruño.

En cualquier caso, respeto la cultura y tradición de esta tierra (así como de todas las demás tierras), pero tampoco les tengo especial aprecio. Básicamente por el argumento anterior, todas las tierras tienen sus tradiciones, y sucede que las tradiciones son como los culos, que cada uno tiene el suyo.

Desde hace meses existe el debate del desdoblamiento de la N-340 a su paso por Castellón y Benicassim. Existían varias propuestas, pero la que parece definitiva (si nadie lo impide) pasa pegada a la AP-7, y por tanto, a la ermita de la Magdalena.
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