
El 25 de julio del 2000, el vuelo 4590 de Air France partía del Charles de Gaulle en dirección al JFK de Nueva York. Curiosamente, sólo los 9 tripulantes del avión eran franceses. Todos los pasajeros menos uno eran europeos, la mayoría alemanes. Tres de ellos eran niños. Aparentemente, una chapa de metal desprendida de un DC-10 de Continental Airlines que había despegado 4 minutos hizo que uno de los neumáticos reventara. Una inesperada cadena de sucesos provocó que el aeroplano del vuelo 4590, un Concorde, sufriera una perforación en un depósito de combustible y se prendiera fuego. Superada la velocidad a la que es seguro detenerse sin salirse de la pista, los pilotos intentaron remontar el vuelo pero el Concorde apenas pudo elevarse unos 200 pies sobre el suelo (unos 60 metros de altura) para terminar estrellándose a unos 2 km. de distancia del aeropuerto. Como resultado del accidente fallecieron los 109 pasajeros del avión, incluyendo tripulación, así como 4 personas que estaban en tierra.
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