La historia de Eduardo

El último año de colegio conocí a un chaval, llamémosle Eduardo. Sus padres eran amigos de los padres de un buen amigo mío. Tenía dos, o quizá tres, años menos que nosotros y, en aquellas edades, eso se nota bastante. Se veía que le faltaba un hervor y eso, viniendo de quien viene, era faltarle mucho.

Eduardo vivía dos calles detrás de mí. A pesar de eso, apenas nos vimos, sólo quedamos los tres unas cuantas veces durante los siguientes años. Los últimos años de instituto empezamos a vernos más, básicamente porque nosotros teníamos un grupo de amigos formado y el no conocía a nadie. Siempre que aparecía nos daba alguna sorpresa, del estilo de hacer o decir alguna cosa inesperada o inapropiada para el momento. Siempre dió la impresión de que le seguía faltando un hervor, lo cual en ocasiones llegaba a hacerse notablemente incómodo para nosotros. Muchas veces no le llamabamos para quedar porque no nos sentiamos cómodos con él, pero normalmente no teníamos estómago para decirle que no.
Continue reading