La rutina que deja de ser rutinaria

Estoy feliz. Hoy ha sido un día completito. Las ventas acompañan gracias al día sin el impuesto sobre el valor añadido, he estado desbordado de trabajo. Miles de marrones por resolver, contratos por tramitar, ventas por apuntar. Un día de esos en que, o sales feliz del trabajo, o le prendes fuego a todo. Y ha sido lo primero. El chiquitín funciona de lujo, cada día mejor. Estoy planificando las vacaciones del mes que viene. Y otra cosa que me traigo entre manos, pronto tendréis noticias. La rutina a la que mi vida se había visto reducida, de repente, ha dejado de serlo. Cada pequeño acto es una sorpresa. Cada encuentro es una novedad. Cada mirada, un sueño. Cabalgamos, Sancho.

La navidad es una chupapollas

Hoy es el día en que todo el mundo se desea feliz navidad. Hoy es el día de “Que bello es vivir” y demás películas ñoñas que nos hacen sentir mejor durante un instante pensando que el mundo es mejor de lo que podría ser o de lo que en realidad es. No comparto esa idea. No me gusta la navidad. Y no me gusta el mundo en el que vivimos.

De pequeño estuve en un grupo scout. A su fundador, Baden-Powell, se le atribuye una frase, una máxima, con una enorme carga moral: “Dejar el mundo en mejores condiciones de lo que lo encontraste”. Es lo que siempre he intentado hacer, no por ser scout, sino porque creo que es mi deber como ser humano.

No entiendo a la gente que se queja de la precariedad de su situación económica o laboral pero vive sumergida en un consumismo voraz, estimulando la precariedad en la que viven. No entiendo a la gente que se queja de los radares de tráfico pero se echan las manos a la cabeza cuando algún irresponsable detrás de un volante sesga la vida de un inocente. No entiendo a la gente que te confiesan al oído “no sabes cuanto tiempo llevaba esperando esto” para después inexplicablemente dejar de dirigirte la palabra. No entiendo a toda esa gente en general, que esperan un mundo más humano, más agradable, pero no mueven un puto dedo por mejorar su mundo o el de los que le rodean.

Pero el año que viene yo seguiré aquí, repitiendo los mismos herrores del pasado, con mi puta disociación cognitiva y mi manía de hacer lo que me dice la cabeza, en lugar de lo que me pide el corazón, e intentando que mi mundo, y el de los que me rodean, sea un poco mejor de como me lo encontré el 1 de enero.

Feliz Navidad para todos y que la navidad os chupe la parte del cuerpo que prefiráis.

P.S.: Este post se publica a las 22:00 del 24 de Diciembre automáticamente, así que no me busqueis delante del ordenador a esas horas.

Eva y la felicidad

—Eva, durante mucho tiempo he estado persiguiendo la felicidad. Pero ella, que es rápida y veloz, se me escapa. Soy lo suficientemente inteligente, y he atendido a las suficientes clases de meditación, para saber que la felicidad no es algo que se consigue de forma externa, sino que es algo que debe crecer desde el interior, debe surgir de uno mismo, porque es la única forma de conseguir una felicidad auténtica y duradera. Lo otro es un espejismo que dura apenas un momento. En cuanto a inteligencia emocional, en cambio, debo ser retrasado.
—¿Por qué dices eso?
—Porque no consigo generar una felicidad que duré más allá de unos instantes en el mundo virtual de mi cabeza. Los instantes de auténtica felicidad que he tenido han sido cuando en algún momento de tranquilidad, me he puesto a soñar despierto imaginando que había alguien a mi lado. Y durante ese instante me siento feliz. Pero entonces recobro la consciencia de lo que me rodea y esa sensación se desvanece, como lágrimas en la lluvia. Continue reading

Infelices vocacionales

—Mira Eva, me resulta sorprendente como los seres humanos nos empeñamos en ser infelices.
—¿Qué quieres decir?
—Me refiero a que en muchas ocasiones sabemos lo que necesitamos para ser felices en ese momento. Pero por una u otra razón, no tenemos el estómago, o las ganas, de hacer lo necesario para conseguirlo y así ser felices, aunque sea por un rato.
—¿En serio crees que hacemos eso?
—Por supuesto. Mira, el otro día, navegando por internet, terminé sin saber como en el blog de Chapi Escarlata. Nunca había leído nada de ella, pero el post al que llegué me llamó mucho la atención: Un polvo del diez. Dice algo así:
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