Hoy he estado limpiando esa leonera que tengo por habitación, recogiendo esa basura que llevo tiempo intentando sacar pero que, por falta de ganas y sobretodo de fuerzas, sigo dejando que coexista en el mismo espacio vital que yo. He levantado unos cuantos trastos, y allí debajo, sobre el banco de abdominales que hace de estantería improvisada, he encontrado dos objetos de mi pasado reciente. Dos objetos manchados de sangre. Cuando los he visto un montón de recuerdos han venido a mi mente. Podrían haber sido por igual agradables o desagradables, pero quizás por el humor del que me encontraba en ese momento, me han resultado más bien desagradables.
Me he quedado mirando los objetos, uno en cada mano, dudando que hacer con ellos. Los he metido dentro de una bolsa de Pryca Carrefour y mientras ataba el nudo todavía dudaba si los iba a guardar o a tirar a la basura. Al final Diógenes ha podido conmigo y los he tirado dentro del armario, en el rincón, encima de un montón de trastos que también tendría que haber tirado hace tiempo.
Dentro de ocho meses los tendré que sacar del armario. Veremos entonces si los recuerdos que me traen son agradables o desagradables. Y si entonces soy capaz de tirarlos a la basura.