—Hace tiempo que no hablamos en serio, Eva.
—La verdad es que sí.
—Estaba pensando en hablarte de Roberto. Es una historia un poco larga, así que te la voy a resumir.
“Roberto y Marta nacieron y vivían en la misma población, una de esas que vive casi exclusivamente del azulejo y la naranja. Se conocieron en una de las fiestas, cuando tenían 17 más y menos, y al poco empezaron a salir. Estuvieron unos diez años festeando y decidieron casarse.
Sus amigos llenaron la localidad de carteles con sus caras. “Roberto y Marta se casan dentro de 2 semanas.” Roberto se esperaba algo así. Marta también, pero no le hizo tanta gracia. ¿Y si lo veían sus padres? El pisito estaba casi terminado de amueblar. Limpio. Impoluto. Un piso nuevo, completamente amueblado, virgen, sin que nadie hubiera dormido ni una vez en él. Lo reservaban para irse a vivir después de haberse casado.
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