El final del verano

Abro los ojos lentamente. Una luz tenue entra por el hueco de un palmo aproximadamente que hay entre la persiana y el borde de la ventana. Una luz gris, apagada, monótona. Termino de abrir los ojos observando la ventana con detenimiento y me doy cuenta de que está aquí, ya ha llegado.

Dum du-ru-du-dum du-ru-du-dum…

Levanto la mirada hacia la mesita y veo el despertador. Son las 9:15, lo cual confirma mis sospechas: no es habitual que haya tan poca luz a estas horas. Y además… ¡Mierda! ¡Llego tarde a trabajar!

Dum du-ru-du-dum du-ru-du-dum…

Me ducho en un minuto, aparte de por las prisas, porque la caldera está estropeada y sólo da un minuto de agua caliente. Parece que la hija de puta se ha apuntado a la moda de la ecología y quiere que ahorremos agua. No puedo evitar espetarle a la caldera un Agua (caliente) para todos.

Dum du-ru-du-dum du-ru-du-dum… El…
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Agosto

Tarde de domingo. Agosto. Paella y Coca-Cola para comer. Salgo a la terraza del apartamento. El sol ilumina la playa con una intensidad casi cegante. Algunas personas dormitan debajo de sus sombrillas. El estómago me pesa. Los párpados también. La brisa del mar me rodea y me refresca. Me relajo. Apenas se oyen ruidos, voces unas terrazas más allá, un coche que gira a lo lejos. Miro el mar azul, intenso. Una sensación plácida me invade. Es la tarde perfecta. El momento perfecto. Pero…

Algo me falta a mi lado.

Me faltas tú.